AL TRASLUZ
No fui pero estuve
S egún un amigo mío, cuando no logras ir a un acto al que pensabas se debe a que el destino te está protegiendo de que caiga encima un piano o te atropelle un camión de la mudanza, pongamos por caso. No niego que sea así, pero soy más del ángel de la guarda, a cuyos reflejos me encomiendo. Me hubiera gustado mucho acudir al diálogo poético entre Gamoneda y Aurtenetxe, que tuvo lugar el pasado jueves en el Ateneo Varillas. Ya ven, mi amigo sí fue y él vino maravillado. Me he consolado viendo un breve reportaje visual del mismo. Qué hermosa es la amistad, una de las pocas formas de épica que nos quedan. Ambos poetas son amigos desde hace años, a través de una relación epistolar (creo que hasta el otro día únicamente se habían visto una vez). En dicho reportaje pude escuchar las palabras de Antonio hacia este poeta vasco, cuya obra ha sido editada por el leonés Félix Maraña. «Si hay algún poeta cuya creación pueda identificarse como una encarnación de su propia vida éste es Carlos Aurtenetxe. Es hoy el poeta más importante de su barrio, el poeta más importante del País Vasco y el mejor poeta de España». Hace semanas uno mismo argumentaba en un acto de homenaje a Jaime Quindós que es de los amigos de quienes podemos proclamar con autoridad quiénes son o fueron. ¿Qué sabemos de un rival, de un enemigo, de quiénes son ajenos a nuestra forma de mirar el mundo? ¿Qué saben ellos de nosotros? En cambio, de los nuestros sabemos su verdad y ellos saben la nuestra.
La amistad entre poetas, que no el amiguismo o los clanes de bombos mutuos, es también poesía. Y libertad. Y proclamación de mucho más de lo que las palabras proclaman. Por ejemplo, Salvador Negro y Ramiro Pinto volcados en la preparación del encuentro, para que todo saliese bien, como así fue. Lamento mucho habérmelo perdido, pues tenía el destello de lo excepcional.
La crisis de la economía ha perjudicado a la industria cultural y a su gestión, también a las programaciones de las instituciones, pero no a la cultura misma. Al contrario, quizá la ha enriquecido, en cuanto la ha despojado de todo lo que no es esencial. Dos grandes amigos, dos grandes poetas. Un gran diálogo poético, al que no pude asistir... pero en el que estuve.