FUERADE JUEGO
Renovadores de las entrañas
L o del aniversario de la Constitución ha servido para sacar al aire algunas vergüenzas y no me refiero al contenido de esos sesudos análisis de quienes esta semana son expertos en la Carta Magna después de abandonar sus dictámenes inapelables sobre la violencia en el fútbol y a la espera del próximo menú al que hincarle el diente. Se trata de que parece sonrojante que a estas alturas alguien ose convocar un acto con cargos públicos en el que se incluya un ágape, vino español o como se le quiera llamar a lo de usar el dinero público para darse un homenaje gastronómico con más o menos lustre. Incluso a lo peor, y sí se han aplicado los consabidos ajustes, las viandas son tan poco apetecibles que van directamente a la basura sin que apenas las toque nadie.
Pero las vergüenzas siempre salen a flote y algo de esto ocurrió en Ponferrada cuando en medio del debate sobre si condumio sí o condumio no, se desvela que el acto de la Constitución que se celebra desde hace más de 25 años tenía forma de Pleno y generaba dietas de asistencia a los que luego se iban al ágape tras escuchar unos insulsos y repetitivos discursos más o menos partidistas.
No sé si la Constitución hay que recauchutarla o enviarla a la colección de las caducadas —que ya son unas cuantas en España— pero sí hace falta algún tipo de reforma que acabe con tanta tomadura de pelo. En Ponferrada sigue vivo el recuerdo de las mariscadas del Día del Bierzo y uno estaba convencido de que todo eso era cuestión de otro tiempo.
Se habla mucho de renovación pero quizás no vamos por el buen camino. Escuché recientemente a un político que ni llega al medio siglo de vida que lo peor del mito de la necesidad de actualizar los partidos es que la generación que está llegando sale directamente de las entrañas de los partidos. Son militantes producto de las factorías de las juventudes de unos y otros que heredan vicios y prebendas gracias a ser los más diligentes a la hora de dar la razón al que manda.
Con esa fuerza regeneradora es entendible que algunos apuesten porque lo único razonables es empezar de nuevo, para que la España del cortijo y del pelota se acabe cuanto antes, y se supriman formas y actitudes que no parecen propias de este milenio por el que andamos desde hace 14 años.