Diario de León
Publicado por
Juan Carlos Viloria
León

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L a espectacular recogida del Banco de Alimentos realizada en la campaña prenavideña con la movilización de 106.000 voluntarios y 21.000 toneladas de comida entregada solidariamente indica que la caridad está muy viva pero la necesidad también. Necesidad de un fondo de despensa (aceite, azúcar, harina, arroz, legumbres, caldo en brick, conservas) que muchas familias ya no pueden permitirse. Y ya no se trata de recuperar los excedentes alimenticios de la sociedad de la opulencia o repartir ‘las sobras’ como hacía en su origen esta ONG. Ahora la limosna es preciso trocarla en alimentos no perecederos pensando en una familia que ha llegado al límite y necesita que le echen una mano. ¿De dónde surge esa apremiante demanda de familias que no tienen ni para comer? Hay una pila de trabajos de sociología y economicistas explicando cómo en muy pocos años se ha producido en España la quiebra de lo que era una amplia y estabilizadora clase media. Y el miedo a la proletarización que invade a capas sociales que hasta hace poco disfrutaban con toda naturalidad de empleo, piso, coche y vacaciones. «Todo era falso menos la muerte», dice Patrick Modiano.

Al depender de un trabajo por cuenta ajena o mantener, en muchos casos, de manera artificial determinado nivel de renta gracias a la proliferación del crédito en la etapa de la bonanza, el cambio de ciclo ha dejado al pairo a muchos hogares que pertenecían o creían pertenecer a la pretenciosa clase media española. Digo pretenciosa sin ánimo de faltar porque en no pocos casos se construyó un decorado social de cartón piedra y una fiebre consumista inconexa con la realidad de fondo. De repente todo dios tenía ‘derecho’ a irse de vacaciones al Machu Pichu, vestir ropa de marca y cenar fuera una vez a la semana. Claro que meter en casa 3.000 euros al mes (¡el equivalente a medio millón de pesetas¡) trabajando ocho horas de palista en una obra puede suscitar muchos espejismos. Y de aquellas fantasías no se libraron los retoños de la nueva clase media que se hicieron adolescentes viviendo una falsa opulencia doméstica y la quimera de que nada de lo alcanzado podía volver atrás.

Ahora algunos se quieren dedicar a la política y sostienen que todo el mundo tiene ‘derecho’ a un sueldo, a reestructurar las deudas, a nacionalizar el recibo de la luz, a una pensión en condiciones y a un pincho de tortilla todas las mañanas. La pregunta es: ¿qué va a votar la antigua clase media de este país? Algunos le van a prometer la vuelta al pasado esplendor pero la desconfianza en los milagros es proverbial en el ‘homo económicus’. Ahora bien, con la facilidad que han demostrado los Errejón, Iglesias y Sánchez para buscarse la vida con becas chollo, pisos de protección oficial para toda la familia y facturas sin IVA, igual harían virguerías con el presupuesto. No sé. Pero seguro que a su gente no le iba a faltar

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