Diario de León
Eduardo Aguirre
León

Creado:

Actualizado:

C ada año por estas fechas muchos nos decimos: vamos a vivir verdaderamente la Navidad. Pero cuando ha pasado nos queda la sensación de haberla desperdiciado, que más allá de gratos reencuentros, regalos y sabrosos atracones lo fundamental se nos ha vuelto a escapar. Y no de las manos, sino del corazón. ¿A qué se debe? A nosotros mismos, sin duda. No es la Navidad la que nos falla, somos nosotros quienes le fallamos a ella. Escribo esta columna, para recordármelo a mí mismo y quizá también a ustedes. Sin amor estamos perdidos y seguiremos estándolo. No se trata de quimeras, hace unos días los leoneses hemos superado todas las previsiones de donaciones al Banco de Alimentos. No fue una respuesta mecánica o compulsiva, sino de amor. ¿Por qué le tememos tanto a esta palabra, si es la solución a todo? La crisis nos ha llevado a posicionarnos, a proclamar con nuestros actos de parte de qué estamos. Esto los partidos políticos lo confunden con la intención de voto, pero se trata de algo mucho más profundo y complejo. Intuyo que la mayoría estamos a favor de que el sufrimiento de los necesitados sea aliviado, de que se encuentren fórmulas para hacerlo con respeto y consideración, sin hacerles sentir culpables. Y quizá la mayoría percibimos también que, aunque la crisis terminase hoy mismo, nada volverá ser igual en nuestras vidas. Somos ya generaciones marcadas, aunque esto no ha de ser necesariamente malo. Hemos aprendido gracias al dolor algo que de otra forma no nos hubiese sido revelado. Otra cuestión, es que el destino de toda lección sea el implacable olvido.

Quizá algún día incluso nos enorgullezcamos de haber participado en esta gran prueba que es la crisis, en este derrumbe de espejismos. Porque, sí, todos nos estamos posicionando sobre en qué clase de mundo queremos vivir. Y si te mantienes al margen, entonces, también te has posicionado.

Las navidades traen consigo ocasiones para el bien, son mucho más que unas fechas concretas. Oportunidad para la belleza. Aprovechémosla, para que no nos quede después la tristeza de lo que debió ser y no fue. Porque, en efecto, la lección de la crisis es que sin amor estamos perdidos. Y vencidos, incluso cuando hayamos conseguido salir de ella.

tracking