Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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A unque gusta calificarse a sí mismo como un político muy previsible, en realidad Mariano Rajoy resulta mucho más inescrutable de lo que parece. Fiscalía General del Estado al margen, buena prueba de ello ha sido el doble movimiento con el que ha resuelto el cese-dimisión de la ministra de Sanidad Ana Mato. Los ascensos en el escalafón de Alfonso Alonso y Rafael Hernando transmiten mensajes aparentemente contradictorios, derivados del opuesto perfil de ambos. Y sin embargo, a poco que se analice, responde a la política del palo y la zanahoria.

La incorporación de un político dialogante y de trato afable a la cartera de Sanidad ha sido interpretada como parte del «giro social» que ha emprendido el Gobierno ante la doble cita electoral que tenemos a la vuelta de la esquina. Después de tres años de implacables recortes sociales, el Partido Popular necesita con urgencia suavizar los desperfectos ocasionados con medidas de última hora que le permitan remontar su desplome en las encuestas. Alonso, ministro encargado de los Asuntos Sociales y la Dependencia, reúne el talante idóneo para encarnar ese «giro social», del que forma parte obviamente el subsidio de 426 euros asignado a los parados de larga duración. Por delante ha ido la rebaja del IRPF, cuyo efecto inmediato es la bajada de las retenciones a partir de la nómina de enero. Todo ello de una lógica aplastante.

En esta fase de ofrecer al electorado la cara más amable del PP es donde a priori chirría la figura de Hernando, un político muy dado a la bronca y a la crispación, como nuevo portavoz parlamentario. Pero la contradicción es sólo aparente. Rajoy tiene muy claro que en esta coyuntura electoral no existe la menor capacidad de alcanzar acuerdos con la oposición, cuyo discurso se va a endurecer progresivamente a medida que se aproxima la cita con las urnas. Y ante esa ofensiva opositora, ha pensado que nadie mejor que un personaje curtido en la confrontación para fajarse y contraatacar sin ningún complejo.

De la zanahoria ya se ocupa el Gobierno en pleno como interlocutor directo con la sociedad, en tanto que la misión encargada a Hernando es la de ejercer de azote de la oposición. Los destinatarios de los mensajes son completamente diferentes y ello explica el trasvase de Alonso a un ministerio social y la elección de un «halcón» para tenerlas tiesas con la oposición. No hay contradicción, sino un elemental reparto de papeles.

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