TRIBUNA
Samuel Folgueral
C uando supimos que la agrupación local de Ponferrada le había aclamado como candidato a la alcaldía sin estar afiliado al partido, pensamos que algo especial debería tener aquel joven arquitecto, cuya aportación a los trabajos de recuperación del tejido histórico de Santiago de Compostela y sus conceptos novedosos sobre urbanismo nos habían llamado la atención, en sintonía con debates no tan nuevos como la comunidad convertida en artículo de consumo, la recuperación de la imaginación, la privatización de los espacios públicos, la defensa de los derechos fundamentales de tercera y cuarta generación en las aglomeraciones urbanas, como el derecho a la intimidad o la protección contra la contaminación acústica….
Desde entonces hemos seguido con interés su gestión municipal y la de sus compañeros concejales, viendo como ante situaciones complicadas, por la propia composición del Consistorio y la resonancia mediática de su recomposición, han dado muestras de serenidad, profesionalidad, eficacia, austeridad y cercanía, sabiendo priorizar, como buenos socialistas, en función de las necesidades de los más débiles, rebajando su propio salario, renunciando a lo superfluo y a los oropeles del poder. Este es el perfil del buen gobernante que sabe, además, que no es posible transformar una realidad que no se conoce a fondo. Gestión que ha merecido y merece nuestro apoyo y por lo que vemos en las encuestas locales, el de una holgada mayoría de convecinos. Ponferrada, en muy poco tiempo, ha recuperado sintonía, prestigio y autoestima, dicho sin ánimo de menospreciar otras valoraciones tan respetables sin duda como esta nuestra.
Ahora entendemos mejor el resultado de aquella asamblea del PSOE. La prueba del fuego cruzado donde no es fácil que pueda salir airoso cualquier «forastero».
Supimos luego que Folgueral es copartícipe de la sensibilidad etrusca, ese espacio cultural donde nacieron las primeras ciudades de occidente y el Renacimiento, pensamiento al que pudimos acercarnos ambos, de la mano de José Luis Sampedro, recibiendo su magisterio o disfrutando su amistosa cercanía en Madrid.
Samuel se graduó con la máxima calificación académica, con galardones importantes en su recorrido profesional, pero a la vez nominado en su día para el premio al mejor deportista del Bierzo, que es su tierra, como demuestran aquellos versos suyos en San Pedro Castañero: «el tiempo lento de cocción de un botillo/ es buen momento para leer a los clásicos».
Difícil recordar el caso de un alumno que fuera a la vez el mejor en educación física y en filosofía del derecho. Muy pocos, además de Angel Gabilondo, supieron ver que el atletismo es una rama de la filosofía.
Los «no inscritos» se fueron (nadie les expulsó ni expedientó)para gobernar y sanear en tiempos de mucha turbulencia una institución democrática en quiebra (un desfase económico de más de ciento veinte millones de euros generado por el gobierno anterior) y una alta presión fiscal sobre sus habitantes. Lo que no merece el ostracismo, sino un respeto. Conociendo además la desafección ciudadana hacia los políticos en general, bien se puede decir que les tocó bailar con la más fea.
Sabemos también que, en el ámbito de eso que con retranca berciana algunos tertulianos de aquí llamaron PPOE, presionaron a fondo, convencidos de que lo más conveniente era, para la buena gestión de un evento como el mundial de ciclismo profesional —había que lidiar un toro valorado en más de diecisiete millones de euros entonces— era necesario que llevara las bridas el alcalde en ejercicio, no un inexperto recién llegado.
Nosotros nos posicionamos pensando en las prioridades de una colectividad que necesitaba, ahora que ha duplicado el número de visitantes, crecer armónicamente de la mano de aquel arquitecto y humanista, sin dejar de fortalecer sus raíces que son marca y sello de identidad de lo berciano: el diálogo paciente y la negociación, los ámbitos interactivos, la igualdad de oportunidades, la recuperación del músculo perdido con la emigración masiva de los jóvenes, el calor de una posada en el camino, el freno a un modelo urbanístico concebido como nicho para tiburones. Porque Ponferrada tiene que seguir avanzando, esperamos que de la mano de los socialistas, hasta olvidar definitivamente aquellos versos de Machado: «Este placer de alejarse. Londres, Madrid, Ponferrada. Tan bellos para marcharse».
En síntesis, vista con mucha atención la gestión pública de estos compañeros, no solamente no nos sentimos defraudados, sino muy satisfechos.
No queremos eludir tampoco los últimos acontecimientos y las decisiones adoptadas por la dirección del PSOE, que aceptamos, relativas a la presentación de una candidatura diferente a la que en su día presentó el partido.
Sólo pretendemos destacar la actitud de Samuel y sus compañeros, que una vez más muestran nobleza y generosidad, en sintonía con el proyecto común al servicio de la cuidadanía. Para aceptar con elegancia esa situación ciertamente incómoda, hay que ser, eso, buenos socialistas.