TRIBUNA
Adecuarse a los tiempos pese a los políticos
E l tema me lo sugirió un grupo de contertulios que opinaban sobre la enseñanza actual en esta España de hoy. Había profesionales en ejercicio, exministros del ramo educativo y periodistas. La unanimidad parecía presidir el debate, tal vez raro para los tiempos que corren. Estaban de acuerdo en la necesidad de un consenso entre el mayor número de partidos para que no se vayan al garete los diversos planes aprobados por los partidos en el poder.
No se implanta un plan y ya se amenaza con su derogación nada más entrar el partido de la oposición. Así no podemos llegar a ningún puerto seguro, más que a dar bandazos. ¿Tan difícil es sentarse unos días y ceder en parte hasta un acuerdo común? No lo veo tan difícil.
Todo sería cuestión de examinar los distintos planes de los países avanzados y adecuar a nuestro país lo que mejor nos fuera, teniendo en cuenta que las evaluaciones de fin de curso podrían dar pie a nuevos planteamientos. Pero desde una misma partida. Cesión y compromiso serían los avales para avanzar hacia un futuro prometedor.
Los tramos de la enseñanza están claramente delimitados: primaria, secundaria y universidad. Son los tres grandes componentes del todo educativo. Los expertos deberían fijar los objetivos mínimos de cada tramo, independientemente del lugar donde se resida. A partir de esos mínimos podemos edificar el entramado de la enseñanza. En unos lugares o comunidades, se pondrá mayor énfasis en la lengua propia; en otros lugares, primará la riqueza geográfica, etc. Pero dentro de un marco más o menos común y general.
Los contertulios estaban de acuerdo en el poder de los enseñantes en la sociedad y del poco o escaso reconocimiento que reciben. No se trata de una profesión más. Quizá tenga que ver con la vocación. Un docente tiene que “lidiar” con una serie de alumnos y ha de conocer bien las diferencias entre ellos para acomodarse al devenir de la clase.
Un buen profesor tiene que explicar su materia, pero ha de conocer bien a cada uno de los alumnos para que pueda aplicar su enseñanza de manera efectiva y eficaz. Como decía alguno de los profesionales, el profesor o maestro ha de acompañar al alumno en su aprendizaje. Si se limita a explicar, por muy bien que lo haga, tal vez el fracaso esté a la vuelta de la esquina. Hay otros componentes que ayudan o entorpecen la cabal comprensión de las materias y a ello ha de estar alerta el profesor.
Hoy los intereses son múltiples. Los alumnos vienen de muy variadas procedencias. Conjugar todo eso en el aula, lleva su tiempo. Además, le pedimos al profesor que atienda a la diversidad, que mire de dónde vienen y a qué aspiran. Para todo esto es necesaria la colaboración de las familias, claro está.
No debería ser obstáculo el desinterés ni la falta de disciplina. Partimos de la aceptable compostura en el aula y para ello es imprescindible el compromiso de los padres. A partir de este entendimiento ya es tarea del profesional encauzar al alumno. El diálogo con cada uno, en especial con los más rezagados, ha de ser el barómetro cotidiano. Quizá algún alumno necesite un refuerzo fuera de las clases normales y eso debe ser puesto en conocimiento del profesorado. Lo demás puede corregirse día a día en el aula.
Se trata de que se aminore el fracaso y de que un grupo significativo de estudiantes finalice, al menos, el bachillerato. Por descontado que habrá un porcentaje mínimo de alumnos que vayan por otros derroteros, que opten por el abandono, que prefieran otros rumbos. Pero una inmensa mayoría ha de encarrilarse por el sendero más viable, por el camino de la normalidad. El profesor ha de ser ese guía imprescindible de reconciliación con el sistema educativo. El profesor y los métodos adecuados al actual tiempo.
Creo, por mi paso por la docencia, que la mayoría de los maestros y profesores llegan a la enseñanza con buena dosis vocacional. Saben dónde se meten. De hecho algunos prefieren otras vías, a pesar de su preparación. Saben dónde se meten y la misión tan trascendental que tienen entre manos: educar la mente de unos aprendices para que mañana tomen la mejor opción en la vida. Por eso la creación de un clima de diálogo y responsabilidad se hacen necesarios para el avance significativo. Si a esto le añadimos el aliciente de la empresa estaremos en el mejor de los caminos para motivar al alumno perdido en la jungla del aula.