Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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C oincidí con el alcalde de San Andrés del Rabanedo, Gregorio Chamorro. Espero que no se ofenda si escribo aquí que en 2014 ha tenido más frentes que la II Guerra Mundial. Quizá el suyo sea también un optimismo con abolladuras, al que me refería la semana pasada. Al expresarle mi desconcierto por la tan comentada afirmación de Luis de Guindos —«los españoles ya no tienen miedo a perder el empleo»— sonrió como diciendo: «Declaro yo eso y mis vecinos me echan al pilón». Pero al ministro los suyos le echarían a un pilón climatizado, no es lo mismo. Nadie puede precisar cuántos leoneses tienen miedo a perder su puesto de trabajo, pero las cifras del paro nos dan una idea de cuántos pueden tener miedo a no volver a encontrarlo. La frase del máximo responsable de Economía, político de indudable valía profesional y habitualmente ajeno a declaraciones demagógicas, es representativa de lo que asistiremos en las próximas semanas y meses por motivos electorales, pero que debería evitarse: el optimismo y el catastrofismo exagerados. Con lo interesante que es la realidad, sin necesidad de distorsionarla por exceso o por defecto. Los indicios de cierta recuperación económica parecen objetivos, es importante volver a proclamarlo habida cuenta de que con la crisis hemos aprendido mucho acerca del efecto contagio que el miedo tiene sobre la inversión, el consumo y el empleo. Las palabras del ministro han sonado a proclamación de la primavera. Se agradece, pero aún quedan unos meses

Proclamemos los indicios razonables de recuperación, pero sin triunfalismos que puedan resultar hirientes. Por respeto a quienes están en el túnel, que siempre serán demasiados. Una guerra no concluye por vencer al enemigo y enterrar a los muertos, hay que arreglar el desaguisado. Lleva su tiempo.

Además, a cada uno nos dan miedo unas cosas. Al inspector Torrente le aterra levantarse un día y haberse convertido en culé. A mí se me hiela la sangre con solo pensarlo. Uf. ¡Culé por sorpresa! Queridos lectores de Diario de Leon, perdónenme por un día haber bromeado sobre un asunto tan serio. Les deseo que los Magos les hayan traído el valor que cada cual necesite. Y la paciencia para entender las instrucciones.

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