Diario de León

TRIBUNA

Una enseñanza que trasciende el aula

Publicado por
Manuel Arias Blanco. profesor jubilado de Secundaria
León

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A hora, en estos primeros días del curso escolar, veo a muchos escolares con sus profesores por los alrededores de La Candamia y de La Granja. Llevan su cuaderno y su mochila y una alegría inusual. Parece que no les molesta ese camino en busca de historias reales de la naturaleza. Además, incluso nos saludan a quienes estamos haciendo nuestros paseos por ese entorno. Han roto la rigidez del aula y sin embargo se les nota una disciplina singular.

La enseñanza, posiblemente, vaya por esta ruptura del medio. Si no como costumbre, sí como salida de vez en cuando para contactar con la realidad del medio. La disciplina y el silencio están bien en sitios y momentos puntuales, pero a veces el ruido ambiental nos sitúa en un medio más acorde con las relaciones humanas.

Hace años, quizá quince, ya hice mis pinitos en este sentido. Salía con los alumnos de Bachillerato a impartir clases en La Granja. Era un festín la ida y la vuelta, pero en medio estaba el nudo de nuestra tarea. Y lo hacían estupendamente. Se involucraban como nadie en el desarrollo de lo estipulado. Aprendían la materia y además se comportaban socialmente como personas. Era una manera de madurar inesperada. Seguro que muchos se acordarán de aquellos paseos festivos en momentos de escasos cambios. Hoy parece más fácil el acomodo a las circunstancias.

No es necesario anclarse en el pasado, pero tampoco es malo recuperar matices que dieron resultado. Sabemos que los antiguos alumnos aprendían de sus maestros paseando, en los espacios abiertos, en diálogos de inmersión. El diálogo era un avance hacia la formación plena. Podemos hoy, pues, recuperar lo mejor de ese pasado lejano. Todo sea por ese afán de recobrar la necesidad de aprender.

Si hacemos un recuento de lo que dicen los profesores de sus alumnos nos saldría un denominador común: falta de interés. Muy pocos muestran esas ganas de saber, ese deseo de conocer cosas y asisten a clase por miedo a sus padres o por obtener un título que les posibilite un acceso al trabajo. Pero el afán por aprender se ha ido perdiendo paulatinamente y así nos luce el pelo.

Quizá estemos confundiendo los tiempos. Cada cosa, a su tiempo, decían sabiamente los mayores. Si estamos en la etapa del estudio, la tarea prioritaria es el estudio; cuando trabajemos, será el trabajo. No podemos estar pensando en el trabajo cuando nos toca estudiar y viceversa. Claro que lo bueno sería combinar ambas tareas, pero cada etapa exige que pongamos una por encima de otra. Es más: deberíamos vivir en un país en el que fuera posible, sobre todo desde el bachillerato, compatibilizar el estudio y el trabajo. Así sabríamos qué es cada cosa en su justa medida. Por eso siempre abogaré por un enseñanza mixta, una especie de FP perfecta, donde la teoría y la práctica fueran de la mano de manera armónica. Y si esa práctica se hiciera en la Empresa, mejor, ideal.

Los profesores han de romper de una vez por todas la rigidez de los espacios cerrados en beneficio de un espacio abierto, amplio, con aire renovado, para que nadie se asfixie en estos años de incertidumbre total. El cambio está ahí y no podemos ignorarlo. Podemos ir poco a poco rompiendo esa rigidez. No hace falta que pasemos de golpe al otro extremos, cosa muy nuestra. Experimentemos por partes esos lances. Tal vez encontremos de nuevo el camino de la enseñanza auténtica.

También, es cierto, vagabundea algún que otro alumno despistado que prefiere hacer novillos por estos andurriales. Quizá escape de algún acoso camuflado. Pero el bullicio contenido lo pone el grupo presidido por el profesor que humaniza un tanto la mañana solitaria. La enseñanza coge aire en el mejor ambiente posible.

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