FRANCAMENTE
Casta futbolera
Este fin de semana volverá a rodar el esférico en los campos del polígono. Meses de obras y trastornos se darán por bien empleados ante el espectáculo visual de los nuevas canchas de juego. Una moqueta verde ha tomado el barrizal en el que, todos los inviernos, los niños y niñas de toda la comarca se han formado y forjado su espíritu competitivo, prácticamente desde que el mundo es mundo.
Al pasar esa página de la historia del fútbol base de la ciudad me vienen a la memoria imágenes de los campos de la vieja escombrera, donde al finalizar cada partido, además de los puntos y las rodillas escalabradas, te llevabas en las medias la cantidad suficiente de arena como para colaborar con alguna obra de albañilería en casa. Recuerdos de botines Marco, equipaciones heredadas de temporadas anteriores y árbitros uniformados de negro. En mis recuerdos también se hace un hueco la figura de algún que otro cronista de fútbol base acercándose a mi entrenador para preguntarle los nombres de los jugadores de la Unión o disparando su cámara en el descanso de cada partido. También recuerdo la ilusión que nos hacía acudir cada semana a ver las clasificaciones y las fotografías, tanto propias como las de los rivales.
A quien no recuerdo, tal vez porque los míos siempre fueron equipos de los denominados ‘modestos’ y por lo tanto estábamos destinados a ocupar otros espacios y otros horarios, es a quienes se han elegido para dar nombre a estas flamantes canchas de juego. Los he visto, sí, pero fundamentalmente en otros escenarios o vinculados a unas instituciones que no se acordaron de ellos a la hora de nominar sus recintos deportivos.
No seré yo quien ponga en duda los valores de los elegidos, pero sí quien deje aquí de manifiesto que igual que ellos puede haber otros que reúnan méritos para abrir un debate. Un debate que nos han hurtado, porque, no sé quién, tal vez esa casta que tanto se critica en otros ámbitos, ha decidido por nosotros.
Puede que sea una pataleta o una batalla condenada a perder, pues si algo admite discusión y controversia es el deporte rey. Seguro que hay muchos argumentos que a mí ahora se me escapan —también es cierto que nadie los ha puesto sobre la mesa—, pero lo cierto es que alguien que lleva toda su vida pateándose los campos se merecería un mejor trato por los responsables del fútbol base.