NUBES Y CLAROS
Raseros desiguales
El verdadero motor económico de este país, de esta ciudad, y de la res pública en general son los procesos electorales. Si además se dan suficientemente concentrados en el tiempo, el motor se convierte en milagro. Quizá en los próximos meses lleguemos a ver cómo se multiplican los panes y los peces (o las carreteras y los alivios fiscales, aunque a muchos ciudadanos todavía la calma les vendría mejor por la parte del estómago), se pongan como se pongan los totum factotum de la predicada austeridad para salir de los excesos cometidos. Excesos que, según se demuestra a diario en la diarrea de corrupciones seleccionadas para pasar por el juzgado, no fueron de todos, sino de unos cuantos pero a gran escala. Lo que estadísticamente hablando nos hace responsables (y penitentes) de la parte proporcional de escarmiento. Ya se sabe, si tú te comes dos pollos y yo las uñas de los pies, tocamos a igual cantidad de mulso y pechuga a efectos contables.
Fue acabar 2014 entre optimismos desbordantes, y comenzar el año multielectoral con alborozo. ¡Ale, se acabó la miseria! La extra «retrasada» a los empleados públicos se va devolviendo, en función de la presión judicial o electoral; a los trabajadores del Ayuntamiento de León les reponen el 4% que les rebajaron; se anuncian rebajas fiscales (sólo hay que hacer la cuenta de la vieja para calcular lo ganado y lo perdido);... Ya, ya. Que la deuda, la prima, mi sant@ que gastó lo que no tenía,... Que, como nos han repetido hasta la saciedad, esto no volverá a ser lo que era y hay que clavarnos los pies en el suelo de la realidad.
En toda esta murga hay algo que desafina. Años llevamos, y los que nos quedan, contemplando desahucios porque aquí los intereses no hay dios banquero que los perdone; con el goteo de ahorradores ganando en pulso personal la estafa de las preferentes; espeluznados ante la clemencia financiera frente a las tropelías al ciudadano que sucumbe arrollado sin saber por dónde le viene el atraco.
Ahora se bendice a los ayuntamientos con el perdón de intereses milmillonarios de deudas estratosféricas, con la excusa de la recuperación. De la recuperación de los votos perdidos, se entiende.
¿Es este el modelo de recuperación que queremos? ¿Cabe mayor descalabro de criterios? Y lo más alarmante, ¿hay quien esté dispuesto a no vender su alma (y su rédito electoral) por defender que esto es lo que está pasando?
Pues esto es lo que nos espera en los próximos muchos meses. Va a haber que respirar muy hondo.