Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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L a vida, a veces, es una novela… y además de aventuras, como aquellos relatos maravillosos de Salgari o de Julio Verne que nos hicieron sucumbir a la atracción invencible del mar. Y no te digo nada si además es el Caribe, un territorio mítico sembrado de bucaneros malandrines, rotundos galeones, princesas raptadas y tesoros enterrados en islas perdidas y habitadas en ciertos casos por feroces tribus caníbales. Pues bien, mandando el temple a paseo, el leonés José Luis Conty, antiguo compañero de colegio por más señas, se ha embarcado en un periplo naviero por el Atlántico, ese mar macho por excelencia que en ocasiones tiene más peligro que el vino servido en la mesa de los Borgia, que le llevará, junto a sus compañeros de aventura, desde El Rompido en Huelva al propio Caribe. Aupados por la ilusión, en vísperas de Navidad iniciaron un viaje planeado con meticulosidad de relojero, pues el desafío se antoja complicado en una peripecia erizada de dificultades. El ojo público de la ciudad está pendiente de las crónicas que nos remite desde mar abierto, un lugar donde no hay parapetos.

Expuestos al sortilegio alquímico del azar, exactamente igual que antiguos piratas sin parche, ahí siguen echando un pulso a la vida y cabalgando sobre las olas del mar, esa sopa saludable de la cual emergió la vida, en un empeño que tiene su punto poético, a mi modo de ver. Y más para alguien como yo, que sigue al pie de la letra la receta de los clásicos: Loa al mar, pero quédate en la orilla. Gracias a los coloridos relatos de Conty, capaces de disparar el gatillo de la curiosidad, también los sedentarios lectores nos sentimos veteranos lobos de mar, gracias a un sinfín de detalles y peripecias que rezuman emoción. Así que aguardamos el devenir de los acontecimientos, pues tan intrépidos navegantes tienen todos nuestros mimos y bendiciones.

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