Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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S oy usuario de la Biblioteca Pública, especialmente de su sección de Biografía. Leo varias a la vez aunque, como con las corbatas, no todas las combinaciones son posibles. He estado con Tomas Moro, Tolstoi y Goebbels. Pero no pude terminar la del líder nazi. Me exigía un cambio de registro mental excesivo, incluso de respiración. Exclamé tras leer una entrada de su diario en la que comparaba a Hitler con Cristo. «¡Qué hijo de...!» En las columnas rara vez escribo tacos, en mi fuero interno soy muy mal hablado. Regresaré a ella, pero su monstruosidad no permite la compañía de seres humanos. Al ir a devolver el libro, me encontré en la entrada con un amigo abogado. Está expectante con el resultado de las elecciones, quiere ver cómo desaparecen «los de siempre». Como no comparto una generalización tan excesiva, le mencioné una escena de la película Cabaret , cuya historia transcurre unos días antes de la llegada del nazismo al poder. Los tres protagonistas contemplan desde un coche a las juventudes hitlerianas golpear a unos judíos. Uno de ellos dice: «A mí tampoco me gustan los nazis, pero de momento nos libran de los judíos, luego ya no les quitaremos de encima». Pero luego ya no les fue tan fácil quitárselos.

Siglos antes de Goebbels y su exitoso marketing del mal, Moro había concluido que de nada vale la inteligencia si no va acompañada por la virtud. Este santo no se conformó con ser un hombre de su tiempo, prefirió serlo para la eternidad. Desde el año 2000 es el patrono de políticos y gobernantes. ¿Cuántos de ellos lo saben?

Ya a la salida, en las escaleras de la Biblioteca, me abordó un desconocido para reprocharme enfadado haber escrito algo contra los músicos leoneses. No supe de qué columna me hablaba, ni él lograba especificármela. Ya en casa, concluí que podía referirse a una de hace meses en la que consideré disparatado manifestarse porque actuase la Sinfónica de la Comunidad, en un concierto de «León, cuna del Parlamentarismo». Ello no significa que no valore a nuestros intérpretes; al contrario, les aplaudo y pido todas las oportunidades para que puedan demostrar su talento. Los lectores siempre tienen razón, salvo cuando no la tienen. Vamos, como la Historia misma.

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