FRANCAMENTE
Supervivencia
Con la que ha caído en los últimos días no es de extrañar que se hayan agotado los calendarios zaragozanos para recordar, primero, y prever, después, ventiscas, temporales y demás rascas. Una publicación, que dicho sea de paso, debería incluir las previsiones de tormenta, cada vez más habituales y con mayor aparato eléctrico, en la formación del bombero Sánchez.
Tiempos propicios para invernar en madrigueras ante la tesitura de que una de las cuchillas que quieren despejar las vías de los tranvías capitalinos terminen rebanándote el gaznate. Esta visto, y ha quedado demostrado una vez más, que en tiempos de grandes nevadas sopla el viento a favor para que surjan aspirantes a héroes —aunque se tenga sangre de horchata—, y aparezcan por doquier cadáveres de bambis, corderos, osos —aunque sean de perogrullo— y hasta se sequen los madroños.
Ante este tipo de circunstancias adversas es cuando se pone de manifiesto la capacidad de algunas especies para sobrevivir contra viento y marea. Pero si hay un animal que resiste bien a estos cambios bruscos, ese no es otro que el animal político. Y entre estos, hay quien siempre se ha mostrado como un experto/a en el arte de caer siempre de pie.
Por eso, al oír la que se ha preparado entre los socialistas de la capital, no he podido evitar pensar en una compatriota —cuando lo impuso el guión y estaba de moda ser de León a la sombra de ZP, alardeó de faberense— que en los últimos años se ha declarado más gata que el propio reloj de la Puerta del Sol. Allí ha hecho carrera apadrinada por el ahora defenestrado Gómez, sin importarle que éste fuera uno de los que con más ahínco se prodigó en asesinar a Bambi. Como sé que pertenece a ese grupo de supervivientes, no me cabe la más mínima duda de que esta vez volverá a caer de pie y nada, ni nadie, le pondrá en cuestión su recién estrenado cargo de vicepresidenta segunda de la Asamblea de Madrid. Está claro que no echó mano del calendario zaragozano para vislumbrar la que se le venía encima al Lince de Parla, al que le agradeció públicamente su «confianza». Está por ver si ahora volvería a hacer pública esa declaración de amor. En su cargo, uno más, sucede al último alcalde socialista de Madrid, Juan Barranco, quien se despidió asegurando que ‘la política está encanallada’. Como este invierno.