AL TRASLUZ
Nieve mancillada
E n las nevadas montañas de Riaño, numerosos venados han aparecido decapitados o despojados de sus cornamentas, como si un monstruo acabase de irrumpir de la oscuridad. Pero han sido seres humanos, aunque hay discrepancias respecto a quiénes y al porqué. Uno necesita creer que entre nosotros no hay tantas personas capaces de convertir ciervos en un puzzle de sangre y nieve. Y doy por hecho que la carne que comí ayer no proviene de un animal que se hizo el harakiri. El mío no se trata de un horror ingenuo. Asumo que la madre naturaleza no es de modales exquisitos, que a veces hay que ayudarla a cumplir sus ciclos, pero cuesta aceptar que las imágenes que nos han mostrado en los medios tengan explicación respetable. Qué diferencia con la bella fotografía en la que una trabajadora liberaba con su pala a un corzo, atrapado en un laberinto blanco. Uno barrunta en lo sucedido en Riaño la combinación de crueldad y estupidez, un clásico de la condición humana.
Mucho mejor quedarnos con el ejemplo de Javier de Pedro López, expediente extraordinario de la Universidad de León, actualmente trabajador en una empresa holandesa: «La crisis ha generado una ola de pesimismo generalizado en la que parece que todo se ha hecho mal y hay que cambiarlo». Las palabras de este ingeniero formado en nuestro campus son un ejemplo. «Esto no quiere decir que no haya que replantearse algunos aspectos en la política, la economía y en la sociedad, pero creo que deberíamos empezar a creer en nuestro potencial como país», declaraba en el suplemento Innova a Susana Vergara.
Pero sí, estupidez y crueldad son fuerzas hermanas. Sobran los ejemplos. El candidato por CiU a la alcaldía de Mataró ha tenido que pedir disculpas públicas porque su hijo, un ingeniero de 27 años, es una de las cuatro personas que aparecen en una fotografía, durante los desfiles de Carnaval, disfrazadas de guardias urbanos con una evidente alusión al que quedó tetrapléjico durante un desalojo, por el impacto de una maceta arrojada desde un balcón. También ellas han mancillado la nieve de una diversión que debía haber sido limpia. Ni la ingeniería puede prescindir de los valores. Sin ellos, las mejores notan son asignaturas pendientes.