CORNADA DE LOBO
Jalufo gratis
T odas las nevadonas dejan tras de sí un rastro de cadáveres de animales y pájaros que no superan las tapias de ese cementerio blanco. El daño a la fauna en este gran nevarrón lo cifra la autoridad en más de mil víctimas en la reserva de Riaño, aunque la cuenta final no se sabrá hasta no irse las nieves en mayo y quedar al aire esa despensa de carne congelada que le vendrá de pascuas a todos los bichos que comen a mesa muerta... qué bien, jalufo gratis si es marrano de monte el menú, dice la cigüeña mora.
La nevadona de 2015 pasará a la historia inmediata. Se recordará. Sobre todo, los que la vieron con dos metros en su propio tejado. Ninguna de las anteriores (que suceden cada veinte años) dejó tanta montonera en los trabes y tanto documento gráfico como esta. Serán esas fotos que la gente enseñará ufana dentro de un tiempo por haber sido testigo directo del gran acontecimiento meteorológico, si es que para entonces logra encontrarlas entre los miles y miles de fotos que llevará amontonadas en sus archivos.
Da pena ver tanto animal muerto, pero siempre fue así; la vieja guardería forestal recuerda que, tras derretirse las nevadonas de este calibre, se cansaban de censar osamentas... hasta novecientas y más sembró algún invierno entre Picos y Mampodre.
Esta vez, a la fauna carroñera que se beneficia de la muerte de venados, corzos, rebezos o jabalises han de añadirse unos aborígenes que andan cortándoles sus cabezas y cuernas, trofeos con que se luce el cazador pedorro y grandón, ocultando en este caso su valentía de «a moro muerto, gran lanzada».
Pero aún con todo el engorro y estropicio que acarrea una nevadona como la de este año, uno se reconcilia con la fe en su clima, pues volverán cada equis años temporales como este y mayores... el cambio climático se toma su tiempo, aunque lo proyectemos siempre a cámara rápida.
Jalufo gratis, insiste la cigüeña, que va a lo suyo, al comer, pues también la nieve le trajo a ella su cuaresma congelada. O como diría mi biólogo de cabecera, «los ciervos que salen, por los quebrantahuesos que entran». Y lo importante, «¡que estas nieves sean bienes!».