CORNADA DE LOBO
A mojarse
T ienes que mojarte en el «asunto Everest», me conminaron... si se cierra esta empresa emblemática y puntera, ¿qué le queda a León de propio que no se haya ido a la mierda o se lo haya llevado el quinto cuerno pucelano o alemán?... León se va al tacho, rapaz... son centenares de puestos de trabajo que no volverán... ¿podrá la crisis con este mastodonte editorial que llegó a elevar a quinientos su plantilla sembrando libros hasta en otros continentes?... ¡tienes que mojarte!...
Pues entonces pido palangana, porque más allá del deseo ferviente de que perviva este emporio librero en una realidad cultural española y local que devastó la política bruta e insensible, no me creo con capacidad ni criterio para opinar de los males o remedios que le quepan al asunto; sería una torpeza y temerario, así que echaré en el pequeño océano de esa palangana los barquitos de los recuerdos o de las dudas que me puedan caber.
Y me cabe recordar de propia mano el origen de esta empresa editorial que nació chiquita, rinconera y entre cartonajes en la plaza de San Isidoro donde encontrábamos un botín de cordeles y embalajes los guajes que acudíamos a las escuelas de El Cid en los últimos 50... era una pequeña distribuidora de libros que al poco se establecería con su industria editora propia en una nave de San Mamés que, a su vez, sería el prólogo de la actual industria instalada una década después en las cuestas que llevan a La Virgen del Camino escapando de la fiscalidad que le imponía la ciudad de León y donde hoy eleva la visible mole insignia de su «almacén inteligente».
Cuando en esta crisis se reclamaron ayudas institucionales apercollando a la Junta para que se comportara aquí con la sensisibilidad y generosidad que lo ha hecho con la siniestrada Campofrío burgalesa, la autoridad autonómica exigió un mayor compromiso de los propietarios para que no lo fiaran todo a la caridad institucional... pues si fue altamente rentable en su momento, cabe sospechar que le resta capital para un nuevo compromiso con lo suyo... salvo que a este empresa le suceda la tópica maldición familiar, que lo hijos la ordeñan y con los nietos se arruina.