TRIBUNA
El mito de la mejor sanidad del mundo

E s un argumento frecuentemente esgrimido que la sanidad pública española es una de las mejores del mundo. Aunque pueda serlo en ciertos aspectos, es constatable un deterioro de la calidad asistencial, como ha puesto de manifiesto el último informe European Health Consumer Index (EHCI) de 2014, donde España ha ocupado la posición intermedia entre 37 países analizados o el informe Bloomberg, que refleja un importante deterioro, descendiendo España desde la cuarta posición que ocupaba en el año 2013 hasta la catorceava en el año 2014.
La crisis económica ha repercutido sobre los distintos países de forma no homogénea, resintiéndose en mayor medida aquellos cuyas economías se encontraban en peor situación. Lo que ha supuesto, según los presupuestos iniciales de las comunidades autónomas, un recorte de más de 6.700 millones de euros anuales en sanidad en España entre los años 2010 y 2014.
Indudablemente la situación financiera del país requiere llevar a cabo ajustes. El problema radica en la interpretación de la palabra por nuestros políticos actuales, ya que parece que su significado queda restringido a recortes de gasto sin plantearse un cambio estratégico y estructural del sistema sanitario para hacerlo más eficiente. La sanidad española realmente adolece de una ineficiencia importante, plasmada en hechos puntuales y públicamente notorios, como la reciente crisis del ébola, pero también en otros aspectos que pasan más desapercibidos, como son los defectos estructurales, reflejados en la carencia en la homogeneización del tratamiento de la información.
Los cambios estructurales necesarios, además de mejorar la atención al paciente, contribuirían a establecer estandar de referencia, a mejorar la calidad de todo el sistema, incorporando los protocolos y técnicas más adecuados y por tanto incrementando la eficacia y eficiencia de todo el sistema sanitario.
Estos cambios, harían más fácil la posibilidad de incorporar nuevas técnicas y tratamientos, como las innovaciones en el tratamiento de la hepatitis C, tan demandadas por ser esencial para parte de la población. Además de los hechos evidentes mencionados que ponen de manifiesto la existencia de un problema de configuración de la estructura sanitaria, tanto a nivel de la comunidad como estatal, es necesario manifestar simultáneamente las diferencias de gasto per capita en sanidad en las distintas comunidades, que llega hasta el 60%, y que provocan la falta equidad en el acceso a la sanidad para todos los ciudadanos en igualdad de condiciones.
No deberíamos olvidar, en el caso de que el problema fuese la insuficiencia financiera, que este supone un problema económico, no sanitario, y que existen recursos a nuestro alcance para evitarlo, como son la reorganización territorial y administrativa y la persecución del fraude fiscal. En este sentido, los estudios realizados por UPyD, han demostrado un potencial ahorro de más de 300 millones de euros anuales a nivel de Castilla y León, que podría ser empleado en mejorar prestaciones sociales, no solo sanitarias, sino también en otro tipo de gasto social como educación y dependencia.
Por tanto, el sistema sanitario español, además de no ser el mejor del mundo, carece de equidad y es ineficiente, consecuencia de una deplorable fragmentación, que no parece tener solución a corto plazo, ya que bajo el pretexto de cercanía al ciudadano, se mantienen pesadas estructuras administrativas y duplicadas. A pesar de ello, debemos ser optimistas, existen soluciones.