Diario de León

CUARTO CRECIENTE

El día en que se perdió la guerra

Carlos Fidalgo
Ponferrada

Creado:

Actualizado:

U na guerra se pierde de muchas formas. Se pierde en una trinchera o en un bombardeo. Se pierde bajo la tiranía de un ejército más poderoso, con el país devastado por el odio. En un asedio, por escasez de alimentos. O por falta de ideas. Se pierde porque se pierde la verdad, que es la primera víctima de todas las guerras, y triunfa la propaganda. O se propagan los infundios.

Villafranca del Bierzo perdió la guerra el día en que el fotógrafo Álvaro de la Parra quemó sus negativos, cerró su estudio y se marchó del pueblo por temor a la venganza de sus enemigos o de sus correligionarios. Si es que se puede considerar una religión ser republicano.

Villafranca lo era. Republicana y religiosa. Lo cuenta Antonio Pereira en uno de sus cuentos de la Cábila, cuando a las procesiones de Santo Tirso y Santa Lucía les salió la competencia de las manifestaciones. Y una manifestación, convocada en febrero de 1936, el mes del triunfo del Frente Popular, o un 14 de abril, aniversario de la proclamación de la República, o quizá un Primero de Mayo, fiesta laica de los trabajadores; y una fotografía de quienes participaron en ella, usada por los falangistas para asesinar a los hombres que identificaban y raparles el pelo a las mujeres que levantaban el puño en alto, le costó el exilio a Álvaro de la Parra, que era republicano hasta la bandera, cuenta su nieto, pero tuvo que huir de Villafranca porque se extendió el rumor de que ‘estaba con los nacionales’.

Un guerra civil sólo se supera de dos formas. Perdonando, como hizo Aurora García con los que le raparon el pelo, porque del rencor nunca sale nada bueno. Y rehabilitando a las víctimas, porque sólo así se acaba con la impunidad y se vence al miedo.

En Villafranca, donde el miedo ha dejado muchos posos, es imprescindible que las víctimas den nombre a una calle, que el alcalde fusilado en 1936, Antonio Gabelas, y todos los concejales que también murieron asesinados, tengan un desagravio. Y que las fotografías que todavía se puedan recuperar de Álvaro de la Parra se expongan al público. Y cuenten su historia. Ese día podremos decir que el miedo ha perdido la guerra.

tracking