TRIBUNA
El AVE llegar llegará, pero cojo

E l año en que se constituyó la Sociedad León Alta Velocidad para preparar la llegada de la Alta Velocidad a León, Antonio Silván ya era consejero de la Junta de Castilla y León. Era 2003, y con Francisco Álvarez Cascos al frente del Ministerio de Fomento se presentó un proyecto de soterramiento parcial que para nada solucionaba los problemas de integración del ferrocarril en León. Un proyecto cojo.
El año en que se liquidó la Sociedad León Alta Velocidad, alegando un presunto ahorro, Silván seguía siendo consejero de la Junta de Castilla y León. Y era entonces consejero de esta sociedad que con su disolución facilitaba los retrasos y cambios en un proyecto que había completado el Gobierno Zapatero para garantizar la supresión del Paso a Nivel del Crucero salvar todas las brechas urbanísticas de la ciudad generado por las vías y resolver la integración con un soterramiento total.
La disolución de la Sociedad coincidió con la renuncia a este proyecto completo cuando ya se había ejecutado el 90% de la obra para la llegada de la Alta Velocidad a León. Cuando se había eliminado el paso a nivel y construido una estación provisional que el PP se encargó de convertir en definitiva. Cuando se disolvió la Sociedad, Silván que siguió en el ente similar en Valladolid, admitió un recorte en el proyecto dejando el AVE cojo.
En el Ministerio de Fomento licitaron el resto de la obra viaria. Eliminando una vía en varios tramos y recortando, en el desarrollo de la obra, la velocidad con la que podrá llegar el tren de altas prestaciones a León. Del AVE pasamos al patito. Y Silván seguía de consejero, avalando un proyecto cojo.
Han pasado más de 7 años desde que el 22 de diciembre de 2007 José Luis Rodríguez Zapatero realizó el primer viaje inaugural del AVE a Valladolid y lo hizo en una unidad que superó los 300 km/h de velocidad y, lo que es más importante, por una vía con los más avanzados sistemas de seguridad. Cuando Rajoy llegue a León en ese viaje inaugural lo hará con un sistema secundario, un ASFA 200 similar al que estaba instalado en la vía de Angrois. No esperará al sistema puntero, el que permitirá al tramo Valladolid-León entrar en la Red Europea de Transportes, el sistema RTMS que llegará a León dentro de un año si se cumplen los plazos de ejecución de su licitación publicada en el BOE. El PP sacrificará la seguridad con un afán electoralista puro y duro porque poco más tiene que vender que la llegada de ese AVE que Álvarez Cascos prometió para el año 2009.
En los cajones del Ministerio de Fomento habrán quedado la estación definitiva, el Centro de Regulación y Control de la Alta Velocidad para el Noroeste —que con sede construida en León se gestiona desde Madrid— y esa integración total urbanística.
Es increíble comprobar la capacidad de adaptación del ahora candidato a la Alcaldía de León que ha pasado, en solo dos semanas, de defender el proyecto de la entrada del tren en León como el “mejor posible dentro de las circunstancias económicas actuales” —cuando aún era solo un aspirante a sustituir a Herrera— a glorificar la obra que prevé Fomento como un “soterramiento puro que garantizará la permeabilidad total en la ciudad”, dejando como apenas un matiz que será un soterramiento corto que traducido viene a ser insuficiente.
En Valladolid verán, al pasar, los mayores talleres ferroviarios de Europa, esos que deberían estar —por situación geográfica y compromiso— en León. En las inmediaciones del Enlace Sur (ese que también puso en marcha Zapatero) verán las parcelas de la Plataforma Logística de Torneros, esa que ellos pararon cuatro años y ahora no han querido incluir para su financiación.
Cuando Rajoy llegue a León y aquí le espere el candidato Silván, para entonces igual todavía consejero de Fomento, no habrá solución para la integración, ni máxima seguridad en las vías. Por no haber, no habrá ni siquiera aplausos por una llegada histórica porque los leoneses, que no somos tontos, veremos que el AVE llegar llegará, pero cojo.