EL CORRO
El deslizamiento de Zapatero
R efugiado en el Consejo de Estado, del que es miembro nato y vitalicio mientras no renuncie, José Luis Rodríguez venía siendo hasta hace muy poco el mas discreto de nuestros «jarrones chinos», como bautizó en su día Felipe González a los ex presidentes del Gobierno.
A diferencia de sus antecesores, que renunciaron a esa función institucional, no ha utilizado la puerta giratoria de la empresa privada —González y Aznar son, entre otras muchas cosas, consejeros de sendas compañías eléctricas—, no había puesto sus influencias a traficar por medio mundo y no siendo un problema ni para el Gobierno de España ni para su propio partido. Sin embargo, parece que aburrido de los dictámenes del Consejo de Estado, a Zapatero le ha dado de repente por ponerse a pisar todo tipo de charcos, causando con ello una creciente y simultanea irritación tanto a la diplomacia española como a la actual dirección del PSOE.
Conocida es la indignada reacción del Gobierno Rajoy con el viaje del ex presidente socialista a Cuba y el encuentro que allí mantuvo, en compañía del ex ministro Moratinos, con Raúl Castro. Pero más allá de esa posible interferencia diplomática, están los claros indicios que relacionan esa presencia en la isla con la agenda «lobbista» que mantiene Moratinos, dedicado en los últimos años a intermediar en negocios alrededor del Caribe, Sudamérica y el Magreb. Y con ese resquemor muy reciente, ha vuelto a resultar tan sospechoso como inoportuno el viaje de Zapatero al Sahara Occidental ocupado por Marruecos, donde ha asistido a un foro desautorizado por la Unión Africana y en el que han declinado participar representantes de la ONU, la Unesco y de la Unión Europea.
Aunque no es nuevo ni sobrevenido, este gesto tan inequívocamente promarroquí de Zapatero ha sentado especialmente mal en el seno del PSOE, entre cuyos cuadros y bases está muy arraigada la solidaridad con la causa del pueblo saharaui, y de manera muy especial en Andalucía. «Por mí, Zapatero se podía haber quedado más tiempo en Cuba», cuentan que ha comentado ‘off the record’ Pedro Sánchez a un grupo de periodistas.
La relación entre Zapatero y Sánchez se ha vuelto tormentosa desde el día en el que el actual secretario general del PSOE abjuró de la reforma del artículo 135 de la Constitución. Tras ese episodio y la posterior cena con Pablo Iglesias e Iñigo Errejón en casa de José Bono, ambos ni siquiera se dirigen la palabra.
Con todo ello, lamentablemente Zapatero se ha convertido en muy poco tiempo en otro «jarrón chino» de lo más molesto tanto para el Gobierno como para su propio partido. Y lo peor es que todo indica que se está deslizando sin freno por la misma pendiente de sus antecesores de rentabilizar en beneficio personal su paso por La Moncloa.