EL RINCÓN
Siguen las redadas
A lgunos corruptos con carné están cayendo como moscas. Son, por lo general, los mismos dípteros que al rico panal de la Junta de Andalucía acudieron, pero los hay de diversos linajes y distintas camadas. La diligente juez Alaya esperó cortésmente a que se celebraran las elecciones autonómicas andaluzas pero ahora ha puesto en marcha la llamada operación Barrado y ya están en el talego siete exdelegados de Empleo y otros dos en ejercicio, además de cuatro exdirectores generales y tres responsables de consorcios.
Nunca es tarde si la pena por delitos fiscales es suficientemente buena y el safari de doña Mercedes ofrece un buen balance. Agentes de la UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil) detuvieron a 16 personas por haber participado, siempre hay que decir presuntamente, en el fraude millonario de los cursos de formación.
Como la recuperación del dinero robado prescribe con semejante celeridad que los yogures, tienen que darse prisa los cazagolfos. Como también todo el mundo sabe, cuando la Justicia tarda muchísimo deja de serlo y es lo que más se parece a la injusticia porque tiene los platillos trucados y oxidados, o sea, inservibles. Además, recobrar el dinero robado es tan arduo como recobrar la juventud. Las dos cosas se van para no volver.
Nunca hay que alegrarse cuando las cárceles se van llenando porque la vocación de todo ser humano es la libertad y su pesadumbre son sus límites. Nadie es libre si está vivo. Cervantes, que padeció diversos cautiverios, dijo que no hay contento mayor que recobrarla y Manuel Azaña, que también había nacido en Alcalá, creía que la libertad no hace a las personas más felices, pero los hace, sencillamente, personas.
Pero eso del libre albedrío no deja de ser otro camelo que nos han contado para conformarnos. Nos sigue gustando que otros pierdan la libertad, quizá para no encontrarnos con ellos por la calle. Por si es uno de esos que han conseguido que «la hucha de las pensiones» haya bajado el 37% en los tres años últimos.