Diario de León
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anTONIO PAPELL
León

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E l Partido Popular, que ha disfrutado hasta ahora de la ventaja de no tener competidores en su hemisferio conservador, está en horas bajas, no sólo porque un nueva organización política, Ciudadanos, ha irrumpido en el espacio de centro derecha sino también por que en las europeas, el PP obtuvo un pésimo resultado (un 26,09% de los votos), disimulado por el hecho de que quedó en primer lugar, y la formación gubernamental no se dio por aludida. En Andalucía, el desastre ha sido semejante, ya que ha perdido 17 escaños en poco más de tres años, y ello después del alumbramiento de los graves escándalos andaluces —el de los ERE y el de la formación— imputables a los gobiernos socialistas.

Cuando un partido baja en su cotización electoral, pueden haber ocurrido dos cosas: o que no haya hecho bastantes méritos ante el electorado o que no haya sabido explicar sus virtudes a los electores. El Partido Popular ha incumplido la mayoría de las promesas electorales —antes del 20-N de 2011 no se reconoció que había que realizar un colosal ajuste—y ha llevado a cabo un conjunto de dolorosas reformas estructurales, que han generado más desempleo en la primera mitad de la legislatura y una devaluación salarial brutal. Asimismo, en ese periodo han ido evolucionando los procesos judiciales por corrupción, se han descubierto nuevos casos, han entrado en prisión diversos políticos populares —Matas, Fabra, Granados, etcétera—, el caso Luis Bárcenas ha golpeado al corazón de Génova, etcétera.

Mariano Rajoy y su equipo más cercano —y también su asesor áulico Arriola— han creído que el cambio de signo de la coyuntura económica, el hecho de haber pasado desde la recesión al crecimiento, sería como el bálsamo de Fierabrás y el PP remontaría su cotización precipitadamente. Pero sucede que los efectos benéficos del cambio de ciclo se perciben muy lentamente, y no siempre son atribuidos al gobierno sino al ímpetu con que toda Europa remonta el bache. Y de momento, no está cambiando la imagen deteriorada del gobierno.

Así las cosas, está muy bien que el gran partido de centro derecha revise la comunicación, mejore las técnicas para hacerse entender por la audiencia, elija con rigor a los portavoces, pero como ha dicho la expresidenta del CIS Belén Barreiro, la única socióloga que advirtió el surgimiento de Podemos antes de que se produjera, «la duda es cuánto hay de error en el mensaje y cuánto en las políticas». No se puede tener relato —a menos que se invente— si no se tiene ejecutoria digna de ser relatada. Y en este caso, el reconocimiento de que la crisis ha concluido no parece bastante para embelesar a una ciudadanía muy quemada por las mentiras, por la corrupción, por la impericia y el anquilosamiento de un sistema que no ha reaccionado con el énfasis necesario después de los sucesivos toques de aviso que ha dado la sociedad civil.

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