FRONTERIZOS
La vida es silbar
M ira siempre el lado luminoso de la vida. Always look on the light side of life … Es imposible encontrar en la historia del cine una secuencia que contenga mayor optimismo que la que cierra La vida de Brian, la obra maestra de ese puñado de geniales gamberros irreverentes que fueron los Monty Python.
El pobre Brian, crucificado tras convertirse en Mesías a su pesar, asiste estupefacto al número coral de sus compañeros de calvario que, al borde de la tumba, dan el consejo menos previsible para la ocasión. Si la vida parece una bonita mierda —vienen a decir— es que has olvidado algo: reír, bailar y cantar. «Cuando estés deprimido, no seas tan tonto: junta tus labios y silba».
Cantar y bailar como si viviéramos en un musical de Gene Kelly. Silbar como si nos lo hubiera pedido Lauren Bacall desde la puerta. Y reír, reírse mucho. Dicen los médicos que es un magnífico entrenamiento cardiosaludable, elimina el malestar general, quita los dolores de cabeza, descarga la tensión muscular y regula los niveles de las hormonas responsables del estado de ánimo.
Seguramente exageran pero en alguno sitio se puede leer que la risa incluso aumenta la producción de células asesinas, lo que es muy importante para la prevención del cáncer. No hay placer más barato y más sano.
Ahora me dirán ustedes (con innegable razón) que dónde están lo motivos para tanta alegría en un país derrotado, en una provincia agotada, en una ciudad maltrecha. Que cuándo sacar la risa ante esta miseria planificada, ante este derrumbe ético premeditado, ante este descampado intelectual irrecuperable. Que cómo forzar la carcajada ante el trampantojo colmado de mezquindades, navajeos y tarados sin medicar con el que cargamos diariamente.
Precisamente porque eso no se lo esperan, porque los pondrá nerviosos, porque los desconcertará. Aún crucificados, como los colegas de Brian, debemos reírnos porque seremos un poco más felices y conseguiremos hacer un poco más feliz nuestro entorno, y relativizaremos la desgracia. Y seremos más sanos de mente. Y, aunque sólo sea un poco o por un rato, mejores.
El humor, decía no sé quién, es divertido y plausible para quienes están en contra de la verdad oficial y se convierte en odioso para quienes comulgan a rajatabla con ella. Pero ahora llegan tiempos de mudanza electoral y se encontrarán con mucha sonrisa. No se confundan. No es la risa de la que uno habla aquella sometida a la tiranía de photoshop, a las obligaciones del cartel en cuatricromía, a las ataduras de la agenda y de la mercadotecnia. Ese es un mero artificio muscular que trata de esconder la mueca. De esto, huyan. A ser posible riéndose.
O silbando: always look on the light side of life…