PANORAMA
Dientes, dientes
E s impresionante cómo ha mejorado la salud bucodental en España en las últimas décadas. Ya es francamente difícil ver aquellas sonrisas de oro de ley y medio diente silbante apenas ocultos tras un bigote sarraceno. Se han ido desvaneciendo los piños de tipo conejo —tan graciosos— a fuerza de domesticar la inercia de la naturaleza con estructuras metálicas.
Los puentes molares y premolares con engarces de metal y aleaciones varias van desapareciendo del paisaje dental nacional. Y poco a poco se van cubriendo de composite los agujeros negros que afeaban la sonrisa y devolvían al paisanaje a la España desdentada de la posguerra. Quizás haya algo de aquella antiestética dental en esa fama de gentes adustas, rictus seco y cara de cabreo que hemos tenido por ahí fuera los españoles.
Los resultados son dispares, todo hay que decirlo. Hay gente que después del tratamiento de choque, implantes, fundas, carillas, blanqueamientos, abren la boca y no los conoce ni su padre. Otros empiezan a hablar raro como con acento caribeño. ¿Será algún efecto colateral de la nacionalidad del facultativo que les atendió? Amigos con sonrisa de medio lado de toda la vida ahora te los encuentras con un ataque de felicidad permanente enseñando unas filas de porcelana perfectamente alineada que ni Paul Newman que en paz descanse. Es el precio que hay que pagar por lucir una sonrisa que tanto ayuda en las relaciones y que tanto engatusa también a la hora de quedar bien. Pero cuando tantos políticos, de medio pelo y pelo entero, van a hacerse la foto de campaña conviene cuidar la sonrisa. El presidente Rajoy si no sonríe mal y si sonríe casi peor; a Pedro Sánchez le sale tan perfecta que queda un poco falsa. Pablo Iglesias no gasta sonrisa porque aprieta los dientes y prefiere lucir coleta. Allá cada uno, pero ‘Cachuli’ se dejó aconsejar por la Pantoja (dientes, dientes) y no le sirvió de nada.