Diario de León
Luis Urdiales
León

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M iguel Martínez, que igual ganó más elecciones que Polanco, se vacunaba contra la soberbia un par de meses antes de emprender el camino al cuadrilátero de las urnas y se ponía machacón con los colaboradores, para que tuvieran en cuenta que no hay mayor éxito que salir de las campañas con los mismos votos que tenías al entrar. No es catenaccio, no, es instinto; la posesión de balón, si vale el empalme metafórico del concepto futbolístico que a pocos es ajeno. Cruyff, por ejemplo, se jactaba de la impericia de sus porteros; si el rival no tiene la pelota, a ver cómo se las idea para hacer gol. Modestia para el manual del buen candidato; y franqueza para dirigirse al votante, que no deja de ser un cliente en esta época del año, poblada de lobos con disfraz de corderos y charlatanes dispuestos a decir lo que el pagano quiere oír. Incluido el término ilusión. Suela y labia, aconsejan los expertos que distraen en la teoría conceptos elementales para que la fórmula tenga éxito. A ver dónde se va, y a ver qué discurso sueltan. Porque sería contraproducente venir a vender progreso a León y predicar en mitad de la calle Padre Isla, en ese trapecio que forman los parquímetros de la ORA (este sí que es un buen argumento electoral) entre las esquinas que guardan personas con la mano extendida a la caridad de los viandantes que la crisis está bajo siete llaves; o que ya hay informes de los del emporio de los créditos a cero interés para las clases dominantes que avalan que el crecimiento de León va a resultar extraordinario con 43.000 personas atolladas en el porvenir que da el paro y con un capítulo diario de pompa fúnebre social; el último, el entierro definitivo de la comarca de la montaña central a cuenta del despido de setecientos mineros, sin los que esa zona morirá. Como murió el Valle de Sabero, Cistierna; como expira Villablino o Bembibre (hay que ver el navajazo social y económico que late tras la pérdida de cuatro concejales de golpe), y como morirá León, que no tiene otro destino abocado a una porción de actividad que no llegará más allá del 25% de su población. En vista de tan lúgubre horizonte, igual se queda escaso el tratado sobre humildad que regaló Martínez al personal. Lo raro en estas situaciones en las que la realidad amenaza con avergonzar a los titulares cocinados es que los candidatos lleguen al final de la carrera con votos en las urnas.

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