CORNADA DE LOBO
De dos en dos
T ienen algunos genios la manía de morirse el mismo día. Así les ocurrió a Cervantes y a Shakespeare. Y así se enlutó esta primavera el lunes 13 al morirse en el mismo día dos grandes de la palabra rotunda: el enorme alemán Günter Grass y el gigante uruguayo Eduardo Galeano.
No me pesa el pesar lo mismo en cada caso; a Galeano le teníamos de escuela y a Grass nos lo alejaba su biografía; pero en los dos casos, su letra muerde y encandila.
Curiosamente, a los dos les interesó la política hasta la pasión. La polémica airada les pisaba el rabo y levantaron sus polvaredas. Eran testigos muy directos de su tiempo y eran gente con pocas ganas de cerrar los ojos.
Pero por no callar, a Galeano le desterró fuera la dictadura uruguaya y a Grass le desterró dentro media Europa al enterarse que de mozo le embobaban tanto las ínfulas de Hitler, que se hizo de las SS, fascismo químicamente puro de cuchillos largos... y ríete tú del puñalín del yihadista degollador.
Sin duda, ahora que mueren se les leerá algo... muerto el burro, cebada pal editor, pues les devolverá a la colorista actualidad literaria o a la devoción del lector, aunque muchos ni habrán oído hablar de ellos. Y si tuviera que recomendar algún libro suyo, de Grass no puedo hacerlo por no haber acabado nunca su lectura, pero dice el que sabe que se puede elegir entre El rodaballo y El tambor de hojalata , donde laten sus demonios. Sin embargo, así como a Grass no acabé de leerle, a Galeano hay que leerle dos veces... y tres... fue en Memoria del fuego donde me cautivó la concisión, la decencia y la crudeza lírica con que se puede hacer (y se debe) una historia de América... dolida y vibrante historia.
Galeano era rubio de ojos azules como buen holandés errante por parte de padre, trazas de colonizador, pero no hubo batalla donde no defendiera al indio o al pobre. Era el hombre blanco bueno en un continente de conquistas y expolios. Y para ello sabía convertir el sentido común en verbo sonoro y persuasivo. Pero siendo su palabra un hallazgo luminoso, admira más su compromiso con la denuncia profética, su no callarse. Eso saqué de leerle.