LEÓN EN VERSO
Sudor ajeno
N o hay previsiones de que el voto vaya a cambiar de sentido de aquí a mayo por un discurso imponente, por la irrupción de un Séneca, capaz de batir problemas con palabras que calmen la mente azotada de los mortales. Cabe en un bote toda la confianza que se puede depositar en la capacidad oratoria de los personajes que aspiran a hocicar en los impuestos, en ese ejercicio esencial que tanto engancha con el poder. En León se es más de embarullar a última hora con el boletín oficial, que no deja de ser un artefacto para usar cuando hace falta, para las grandes ocasiones, como el dinero y los cojones. Parece que no hubo tiempo desde el 2011 de hacerle una gracieta a la cúpula del Palace —que rima con Renault—, igual para resolver esa incógnita que abona el agnosticismo de los contribuyentes que sustentan el sistema a base de sudor, multas e impuestos. O que se quedaron cortos cuatro años para adecentar el paso del tren de alta velocidad sobre la traza que dejó bien marcada Zapatero antes de claudicar y reconocer que la ideología no da lentejas, y los niños necesitan de algo más que sueños para crecer en equilibrio; la industria para vender tornillos; los curas para dar la extrema unción; los políticos para pintar mapas de decadencia; y así sucesivamente. No es tarde aún para que de aquí a mayo caiga del guindo la exorbitante cantidad que desde hace años se le escamotea a los leoneses en tratamiento oncológico o evitar que sus hijos mueran en un traslado en ambulancia en busca de un bisturí a 200 kilómetros que aquí no tiene acomodo, ni presupuesto. Ojo en estas semanas de avalancha de disfraces de buenas personas, que hace tiempo dejan ver el brillo del colmillo de la risa ladina entre aquellos que opositaban al perfil perenne de cuello blanco y casual sport de yernos de Esperanza Aguirre; los mismos que tranquilizaban a las multinacionales catalanas con el dedo de las adjudicaciones cuando las empresas leonesas (a las que despacharon con burla como cascarones de nueces frente a transatlánticos) buscaban nuevos espacios para sustentar las nóminas de sus trabajadores. Y eso que no brote un escándalo de última hora, que desnude las vergüenzas que hasta ahora no han dejado pasar a la luz con el recurrente sostén de la letra gorda. El resultado no va a variar. Toda la alternativa es un programa que afina la ley para que resulte más fácil vivir del esfuerzo ajeno que del propio.