EDITORIAL
Convivencia en las aulas, total prioridad
El caso del instituto Joan Foster de Barcelona, donde un profesor falleció esta semana a manos de un alumno, reabre el debate del problema sobre la violencia en las aulas. Es verdad que este suceso es un hecho puntual y en el que si se confirman las primeras hipótesis existe detrás un problema patológico en el propio autor del crimen. Pero también es cierto que la convivencia en las aulas se está complicando de manera especial en los últimos tiempos, tanto entre los alumnos como en la relación con respecto a los profesores.
Los cambios sociales que ha vivido España de una manera especialmente abrupta tras concluir la dictadura franquista han llevado a una modificación radical de la convivencia en los centros escolares, a la que se ha unido también de una forma demasiado directa la influencia creciente de contenidos violentos que llegan a través de todo tipo de medios audiovisuales.
Lo que más preocupa a los expertos es esa llamada violencia de baja intensidad. Esa problemática que en ocasiones supone acoso a compañeros o complicaciones notables para que un profesor sea capaz de llevar la clase y aprovechar debidamente el tiempo para impartir los conocimientos. Son conflictos en el día a día a los que las autoridades educativas no pueden dar la espalda. Sería de algún modo traicionar a los profesores y a los propios alumnos, que se merecen como mínimo sentir su respaldo para vivir con normalidad en un ambiente acorde con lo que es totalmente exigible.
Apostar por valores como la convivencia o la sociabilidad en todos los ámbitos de la educación se hace imprescindible para ahondar en la prevención de esa violencia en las aulas. Los datos alertan sobre que sí existen problemas de convivencia. Y combatirlos tiene que ser una prioridad porque la Educación debe aislarse en lo posible de los conflictos.