Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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T engo una fecha clavada en la pared de mis fondos, 5 de agosto de 1962, cumplidos ya diez años, un día radiante en un molino cerca de Ruiforco donde treinta de la familia pasábamos una jornada dominguera de río, risas y rosas con chapuzos tras las truchas y cangrejos en la tartera... pero al disponernos a comer a la hora del Parte, el transistor escupió la tragedia:

Esta madrugada ha aparecido muerta en su cama Marilyn Monroe .

Era el mito radiante y picante del momento y eso causó entre los adultos de la familia comentarios asombrados o compasivos... y cuchicheos, pues murió por barbitúricos y eso indicaba suicidio... ¡teniéndolo todo, belleza, dinero, adoración!... ya ves... y la abuela con alguna de las tías sentenció que ese era el destino propio de la gente descarriada y de una sindiós en cueros.

Al pie del molino había una pequeña plantación de adormideras que se cultivaban legalmente para paliar el bloqueo internacional que aún sufrían las farmacéuticas españolas y mi tío Vitalino, reciente veterinario, nos comentó a los guajes que de aquella planta salían los barbitúricos que habían matado a Marilyn... ¡como para no grabarse a fuego ese día en la memoria!...

Desde entonces se especuló mucho con su muerte. Sobraban indicios para creerla asesinada por servicios secretos (era vox pópuli que tenía líos con John Kennedy). Pero el pasado jueves, Norman Hogdes, de 78 años, ex-agente de la CIA que agoniza en su cama del hospital de Norfolk, Virginia, confesó que él fue el encargado de liquidar a la actriz en una operación de la Agencia tras ser declarada «peligro para el estado» no sólo por su intimidad con el presidente, sino por enrollarse también con Fidel Castro, aquella amenaza comunista con misiles. Coñó.

Las palabras dichas a la hora de morir imponen, en ese trance no suele mentirse... ¿lo hace Hogdes por una gloria inútil?, ¿le pesa la conciencia?... a Sócrates le apetece creerle, esas cosas se hacían, dice... y se hacen... pero nada se sabía de ese rollo con Fidel, ¿lo cree, profesor?... es probable, a las estrellas rebeldes de Hollywood les tira el rojo... o se lo tiran... y la Monroe se hizo algo rojilla con Arthur Miller, normal.

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