AL TRASLUZ
El numerito
V ale, humor inglés no es. Ni siquiera está claro que sea humor. Pero como decíamos en la mili: «si no fuese por estos ratos y otros que pasamos en el calabozo». En el último pleno del Ayuntamiento de Valencia, cuando la señora alcaldesa dijo «pasemos al punto veinticinco» su concejal Alfonso Novo soltó lo que soltó. ¿El qué? Ay, alma de cántaro. Todos sabemos desde chavales con qué rima cinco, además de con ornitorrinco. Un micrófono abierto tuvo la culpa, aunque no carguemos a la electrónica con los chispazos ajenos. Novo es el concejal de Urbanismo, será que le gustan las rotondas. En estas elecciones municipales va de dos en la lista, un número sin pareado peligroso. Lo cierto es que en Cultura no le vemos. La imagen se ha convertido en viral, que dicen los modernos; mucho cachondeíllo, que decimos los antiguos. Por supuesto, lo divertido no es la ordinariez en sí misma, sino el contexto. El absurdo. Fuera del ámbito de lo privado, las groserías para resultar graciosas han de revelar ingenio; con ellas, sólo cabe acertar o pegársela, y lo habitual es que el resultado sea esta segunda posibilidad. Novo no se esforzó mucho en ser imaginativo. Los discípulos de Pitágoras ya le sacaban punta a los números, pero al menos se esperaban al recreo. Rima tan zafia y manida ha de deberse a los nervios. Y a que la confianza da asco. En la campaña, mejor que hable en prosa.
En España, quien más y quien menos lleva dentro a un Esteso o a un Pajares. Lo raro es llevar a los dos. Parece una situación ideada por Ozores, a quien los guiones no se lo escribía Carlos Saura. En Finlandia, sociedad muy avanzada, la oposición le hubiese pagado a escote un cursillo de reciclaje. Claro que en finés cinco se dice «viisi», que no se presta tanto al pareado chusco. Ah, el castellano.
Quizá sufra de incontinencia rimadora, como otros de intestino estrepitoso. Nos tiene en vilo. ¿Qué explicación habrá dado a la alcadesa, al partido, a su señora, al cabildo? Un hecho así en el Ayuntamiento de León sería impensable, pese a ser tierra de poetas. Somos la cuna del parlamentarismo, una democracia prudente. Aquí pasamos del cuatro directamente al seis... por si acaso. Aquí con las cosas del rimar no se juega.