Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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T engo esos lienzos de muralla repasados cuatro veces al día durante cinco años en las escuelas de El Cid... muralla de cubos metida por los ojos... y abrazada con la barriga, pues a menudo la escalábamos en algún trecho desdentado hasta donde se atrevía nuestra temeridad.

La vi retratada (y radiografiada) en este periódico el miércoles. Era el paño de oriente, en la calle Ramón y Cajal, justo nuestro escenario infantil más frecuentado, pues entre los cubos y sobre tierra pisada como castro de bolos, no había mejor cancha para jugar al «gua» con canicas de barro, de piedra o de cristal (las de acero, prohibidas por criminales, escachaban al resto).

En el reportaje se denuncia el ennegrecimiento del panzón de algunos cubos a causa de la contaminación y del tráfico que pasa a sus pies, pero vi guapa a esa muralla en la que crecen sus viejos moños de plantas murarias ahora emperifolladas y dando fe de su añeja imagen, romántica belleza indolente... y confío en que no sea una alerta para abordar una nueva «limpieza» como la «cometida» hace unos quince años dejándola raspada y nidia, como artificial y esfoliada. Afortunadamente, la terquedad de esas plantas y el paso del tiempo diluyeron esa manía abrasiva y pulidora que también dejó recientemente la fachada de San Isidoro tan asquerosamente limpia, que perdió toda pátina de autenticidad.

También denuncia con criterio ese reportaje el lamentable estado de la muralla en general... o los tramos privatizados o de dudosa propiedad que impiden que se ponga en conjunto esta joya monumental luciéndola como merece y conviene.

Inexplicablemente, mucha muralla desapareció, ¿es posible licuar un murallón?... cuando Almanzor conquistó León quiso demoler sus murallas, era su ley en toda ciudad tomada, pero se rindió ante esta colosal obra, le fue imposible abatir tanta piedra fortificada... ¿imposible?... dejádsela a los leoneses... y ahí la tienes, se la merendaron poco a poco, robaban sus piedras o el propio muro construyendo chamizos o casas por fuera y por dentro... y después, además, hubo que pagarles para que devolvieran lo robado... ¡León!...

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