NUBESY CLAROS
Cualquier cosa
S i hay algo que sacar en claro del batiburrillo encuestólogo y analitólogo de la politología que nos apabulla desde hace semanas, y ahora esprinta hacia las urnas, es precisamente que no hay nada claro. Que esto cambia cual ‘piuma al vento’ por un quítame allá un dirigente, o un a qué viene ahora sacar esto (que están las alfombras abombadas de todo lo que guardan debajo).
Y esa es otra. Pegados los carteles y montados todos en los inagotables autobuses mitineros, se abre la veda para la campaña B. No quiero ni pensar con qué nos obsequiarán en breve de cuanto escarben de las cloacas del corrompido poderío nacional, teniendo en cuenta lo sacado a la luz hasta ahora. Pero se avistan trapos sucios a airear en administraciones de todo tamaño, desde juntas vecinales a gobiernos autonómicos, sin desatender a los mandos nacionales.
De hecho los vendedores callejeros, que son los verdaderos adelantatendencias y no hay fenómeno meteorológico ni mundialito deportivo para el que no tengan atuendo en sus previsoras naves, han hecho acopio de buen número de chubasqueros de tejido ligero (algún día acabará de llegar la primavera) pero de cuerpo entero, con capucha hasta la barbilla. Barruntan que a la ciudadanía le va a dar asquito que el intercambio de porquerías y corrupciones entre partidos le salpique, y prefiera atravesar la puerta de su casa con protección aislante.
Al fin, ¿cuál es la intención de voto? Eso mismo se preguntan los votantes, que ni siquiera tienen claro quiénes son de los suyos, ni dónde están ubicados los multiplicados candidatos. El votante hoy es como mi tía-abuela Amalia cuando salía al baile vermú en San Antonio y veía la era llena de jóvenes bailantes no identificados. «¿Pero tú, de quién eres?», era su interminable retahíla antes de llegar a un nivel de despiste ante el que pedía volver a casa. «Al menos, en mi corral, sé cuál es cada gallina».
La mayoría optará por el voto útil. Que traducido al panorama de hoy, es el que considere menos malo. Lo que deja en manos de la ciudadanía una cualidad de interpretación de dispara las posibilidades de resultado aleatorio a niveles que escapan con mucho de la ciencia matemática. No digamos de la estadística.
Todo ello aderezado con un porcentaje de colectivos en huelga que se multiplica. Sólo un indicador: ¡Si hasta los futbolistas se lanzan a las barricadas! (aunque con laca y grandes cascos, que las consignas ajenas se la soplan).
¡Ay, Señor, protégenos de esta nuestra campaña!