LA LIEBRE
Y prometo
Para Adolfo Suárez escribió Fernando Ónega un latiguillo por el que deberían de pagar derechos de autor todos los políticos que han venido detrás. Puedo prometer y prometo se convierte hasta el próximo 24 de mayo en la recurrencia del lapidario con el que alfombrarán las calles los políticos de toda clase y condición, convertidos en bustos sonrientes para cazar el voto en cada esquina al ir a comprar el pan y asaltar al ciudadano cuando se acerque al mercado. Conviene esconder a los niños a la hora del aperitivo y que no hagan tarde los ancianos en los bancos de la plaza si no quieren verse ostigados por señores vestidos con americana y el último botón de la camisa desabrochado con descuido y señoras arregladas como si fueran a dar la desconexión de los deportes en Telecinco. Alegres grupos que pasean distraídos, como si fueran guiris, mientras comentan lo plácida que se queda la tarde de mayo cuando se pone el sol y el cielo está azul. Nunca tendrán tan cerca la posibilidad de que les arreglen los baches que amenazan con tragarse un rapaz desde hace cuatro años, ni de que les resuelvan el problema que tienen con el hijo que se tuvo que ir fuera a buscar trabajo, ni de que les expliquen qué pasará de una vez con las vías del tren que crían óxido entre cagadas de gato, ni de que les aclaren dónde acaba la competencia autonómica y empieza la municipal para que se limite a 50 por hora una vía urbana a la entrada del pueblo en la que se juegan la vida cada día los ciudadanos.
Ahora que les saludan como si les conocieran de toda la vida, prueben si quieren a preguntar y verán que tienen respuesta para todo: unos para justificar por qué no lo hecho en estos años que gobernaron pero ahora sí se pondrán con ello, en vez de estar a lo suyo y lo de los colegas; otros, para defender lo malo que han sido quienes estuvieron al mando y lo buenos que serán ellos en el momento que se apoltronen en el sillón. Les sobran ideas, proyectos, propuestas para que León gane el futuro: apunten éste tópico porque lo oirán de forma repetida, al tiempo que les reclaman ilusión y confianza, les repiten que son como ustedes, les convencen de que saben lo que necesitan y les insisten en que les escucharán incluso después de que hayan metido su voto en las urnas.
Cuando escuchen puedo prometer y prometo, tiéntense las carnes por si se la han metido.