Diario de León

EL BAILE DEL AHORCADO

Virtudes teologales

Cristina Fanjul
León

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Ni siquiera en elecciones. Es la demostración de que todo es mentira, una impostura, una representación a la que nos obligan a asistir sin entender muy bien de qué trata todo. No hay ni una sola propuesta concreta, ni una sola. Todo son vaguedades, banalidades, «cuentos llenos de ruido narrados por idiotas que nada significan».

En su última novela, Kundera se imagina a Stalin vestido de cazador disparando a las reinas de Francia en el Jardín de Luxemburgo mientras su compañero de correrías asesinas, Kalinin, se dedica a provocar dejando regueros de orina por todo el parque. La fiesta de la insignificancia, la demostración de que todo da igual, el nihilismo llevado a sus últimas consecuencias y, al tiempo y a pesar de todo, una demostración de la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene en este gran banquete. Y aquí estamos, en este parvulario de ideas con el que los partidos (todos) tratan de hacernos creer que somos mayores de edad. Silván y Diez coinciden en el mercado del Conde Luna, ese mismo cuyos partidos han ninguneado, y prometen hacer lo que nunca han hecho. Al día siguiente, ambos acuden al esperpento de la feria del libro y se les ocurre decir que crearán un espacio literario (Silván) y una ciudad literaria (Diez). Declaraciones vulgares, ruido, artificio, declaraciones de trileros, oficio de tinieblas de ilusionistas que encienden fuegos fatuos para alejarnos de la luz.

Juan Vicente Herrera se baja al Bierzo para prometer un nuevo borrador de miseria y el PSOE, que colaboró activamente en la «descarbonización» —Pedro Sánchez dixit— de las cuencas, promete continuar con la nada de pactos y componendas representada por Ana Luisa Durán.

Los demás son tan vacuos como sus propuestas. Estamos en el ecuador de la campaña y aún no hemos escuchado más que eslóganes, consignas aprendidas, petición de confianza ciega, lo contrario de lo que debería ser la política. La única realidad con la que contamos los leoneses es que cada vez somos menos, cada vez, más pobres, y, de día en día, más desesperanzados. Es complicado creer que una ciudad forjada a las ubres de la provincia pueda subsistir sin la vaca. Nos ofrecen fé y esperanza, virtudes teologales. Por saber está si a cambio ellos tendrán caridad.

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