PANORAMA

Nada será igual

Fe de errores: En la información publicada ayer de la sentencia condenatoria a Danielle Pucci se cita a la Tesorería General de la Seguridad Social como cómplice, tal y como figura en la primera página de la sentencia. Pero en el Fundamento de Derecho Séptimo 4 se aclara que «debe rechazarse la pretensión ejercitada en el informe de calificación de la administración concursal (petición de declaración como cómplice) toda vez que no consta debidamente acreditada la incidencia de su intervención en la generación o agravación del estado de insolvencia de la concursada». Consecuentemente, después en el Fallo no se cita a la TGSS.

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lorenzo silva
León

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E stamos a unos pocos días de que empiece a dibujarse, ahora sí y de verdad, un nuevo mapa político en España. Los que en estos últimos años han vivido de espaldas a las consecuencias de sus decisiones, los que han optado incluso por no comparecer ante la ciudadanía ni ante los medios y parapetarse tras pantallas diversas (un plasma por aquí, un sueño soberanista por allá), se darán el domingo de bruces con las urnas. Pueblo a pueblo, que es donde al final se cuece todo y donde no cabe escurrir el bulto. Más todas las comunidades que están en liza y desde las que también se decide, en buena medida, el día a día del país. A lo que hay que sumar, en fin, las diputaciones, ese para muchos anómalo residuo administrativo que, con todo, ahí sigue.

Lo que hasta ahora funcionaba con normalidad, esas cómodas mayorías que permitían poner en marcha rodillos y bendecir cualquier ocurrencia del gobernante, se va a convertir en la excepción. Y lo que en décadas de bipartidismo se había olvidado, la necesidad y la virtud del pacto, será regla a la que acomodar la toma de decisiones, mal que les pese a algunos que se creen o se creían ya ungidos. Y si uno es la lista más votada, pero hay tres cuartas partes del electorado que votaron otra cosa (o dos terceras partes, tanto da), no resultará fácil, ni coherente, sacar pecho y exigir al adversario que se pliegue a los deseos que uno tiene de calentar la poltrona. Susana Díaz, que no se había percatado de esta pequeña alteración en el ecosistema político español, la ha aprendido duramente, con tres revolcones en la Cámara andaluza.

A partir del domingo, en muchos lugares, lo cierto es que puede pasar cualquier cosa. Algunos cuentan con que si logran quedar los primeros, así sea por 30 sufragios, podrán exigir que se les favorezca con la abstención, o incluso con el voto, para pasar a partir el bacalao. Tal parece ser la asunción, en concreto, en las filas populares, contando casi como suyos los escaños de Ciudadanos. Pero si Albert Rivera da ese paso confirmará muchas suspicacias, lo que le extendería una factura demoledora en las generales. El panorama que se va dibujando, con un Ciudadanos que se arrima más al PSOE del ‘nuevo’ Pedro Sánchez que al PP del ‘viejo’ Rajoy, y con Podemos moderando a toda pastilla su mensaje no hace descabellada una hipótesis de convergencia, sobre un programa de mínimos, de aquellas fuerzas que coinciden en la necesidad de una reforma constitucional. ¿Y cuál es el único que todavía se resiste a eso?

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