Diario de León

EDITORIAL

Campaña poco clarificadora y que hace evidente el problema del desapego social

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León

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La campaña electoral que se cerró en la pasada medianoche ha sido probablemente una de las menos clarificadoras de cuantas se han vivido en la historia de la democracia española. Los partidos políticos —tanto los tradicionales como los nuevos— no han conseguido en general responder a una de las más evidentes reclamaciones de la sociedad. Los españoles quieren que se evite la clásica confrontación que no conduce a nada y que se ofrezcan propuestas claras. Pero el tiempo de las grandes promesas ha pasado y hoy los partidos se centran en los aspectos que más directamente atañen a la vida ciudadana, aunque ofreciendo mensajes con objetivos compartibles por todos aunque con escasas medidas concretas y realizables.

La campaña ha estado marcada a nivel nacional por esas pautas que parece que se han consolidado como las únicas posibles y que se centran en frases populistas vacías aptas para cualquier comunidad autónoma o ayuntamiento. Y es que la presencia en el horizonte de las elecciones generales que tendrán lugar a finales de año han condicionado directamente las iniciativas de los partidos. Hay mucho en juego para preparar el terreno en lo que se considera el combate que en ocasiones parece el único fundamental, y eso que mañana se decide buena parte del poder local en forma de trece comunidades autónomas, más de 8.000 ayuntamientos, junto a las diputaciones, consejos comarcales, dos ciudades autónomas o los cabildos insulares.

La campaña que hemos vivido durante los últimos 15 días ofrece una cierta contradicción. Nunca se había apostado tanto por la prudencia en cada mensaje. Pero eso choca directamente con la situación política de España, que nunca vivió una etapa con tantos indecisos ni con unos posibles resultados tan impredecibles con las nuevas irrupciones de formaciones políticas.

Se abre un nuevo tiempo y quizás también se ha podido comprobar en esta campaña marcada por ese problema del desapego ciudadano hacia los partidos y buena prueba de ello ha sido como han reorganizado sus acciones huyendo de los clásicos mítines multitudinarios.

La nueva etapa que se arranca tras la doble cita electoral de este año invita de algún modo a reformularse el sistema. Las cosas están cambiando y la ciudadanía lo ha dejado claro en esta campaña. Hay elementos como la propia existencia de una jornada de reflexión o los límites a la hora de publicar encuestas que deben revisarse. La democracia se ha consolidado después de casi cuatro décadas y aquellas medidas para garantizar unas campañas limpias en la Transición hoy se han quedado obsoletas. Pero eso requerirá diálogo y consenso en los próximos cuatro años.

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