LA VELETA
Del 25M al 25M
S i Adolfo Suárez, en los once meses transcurridos entre julio de 1976 y junio de 1977, fue capaz de dar la vuelta al Estado como un calcetín, ahora las circunstancias, la presión ciudadana, el desgaste de lo que ya nos hartaba a todos, han logrado dar un giro considerable a la situación política española entre el 25 de mayo de 2014 y este 25 de mayo. Doce meses que volvieron a cambiar España. O quizá no tanto: los próximos días serán clave para comprender hasta qué punto este cambio que se nos echa encima va a cuajar en mudanzas efectivas en cuanto a participación de los españoles en la cosa política, en cuanto a la transparencia y honradez con las que se nos ha de gobernar. Gobernar para el pueblo, pero con el pueblo: parece mentira que aún haya que invocar estos sanos principios.
Creo que la gente corriente, la que se esfuerza y sacrifica cada día por hacer grande el país, comprendió perfectamente, aquella noche del 25 de mayo de 2014 cuando conocimos los resultados de aquellas parece que tan lejanas elecciones europeas, que se estaba cerrando una etapa, y otra, muy distinta, se abría.
Luego vino lo que todos sabemos. No hace aún un año —ocurrirá el aniversario dentro de algunas horas— que el movimiento telúrico comenzó con la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general del PSOE, iniciando un proceso de renovación que iba a llevar al hasta entonces relativamente secundario Pedro Sánchez al frente del partido que fundó el histórico Pablo Iglesias el 2 de mayo de 1879. Ahora, con el resultado electoral pesándole en las espaldas, Sánchez tendrá que revalidar su mandato a finales de julio en unas elecciones primarias a las que probablemente se presentará él solo, pero acaso sin el entusiasmo militante con el que llegó tras vencer a sus dos oponentes, Madina y Pérez Tapias, en la carrera inicial. De esto, vuelvo a recordar, no han pasado ni doce meses todavía.
La abdicación del rey Juan Carlos I fue una relativa sorpresa, y el ‘traspaso de poderes’ a Felipe VI resultó un éxito ejemplar. En estos doce meses, la Monarquía ha experimentado un notable incremento en la aceptación popular, indican las encuestas, que se han convertido en las amas y señoras de la situación política en este año.
Lo único que no ha cambiado, ni ha querido cambiar, ha sido Mariano Rajoy, que sin duda querrá considerar el relativo —muy relativo, incluso— éxito del Partido Popular en bastantes territorios como un espaldarazo a su estrategia, consistente en decir que las cosas marchan muy bien en lo económico —lo que es relativamente cierto— y, por tanto, para qué embarcarse en aventuras que a saber a dónde conducirían. Ahora, falta saber si las restantes formaciones se unirán frente a Rajoy por el cambio, imposibilitando, por tanto, la gobernación del PP en muchas ciudades y en casi todas las autonomías.