La opinión del lector
Antonio López-Peláez
nos ha dejado
L o conocí en la Navidad de 1967. Su hermano Roberto y yo hicimos una representación teatral en el Círculo Medina. Manolo Jular hizo la escenografía. Antonio nos dirigió. Por supuesto no cobramos nada. Eran tiempos de lucha. Allí nació nuestra amistad. Luego vinieron los hijos y esa amistad se hizo más profunda. Pero la libertad era la prioridad y Antonio, que lo sabía muy bien, dirigía todos sus pasos para conseguirla al precio que fuera. El final del dictador y la caída de la dictadura era nuestra meta. Enfrente, los crisógonos, el patillas, el poeta. El habitual camino a la comisaría de policía, al cuartel de la Guardia Civil, a los juzgados. Todo daba igual, Antonio seguía luchando.
A finales de los 70 todo cambia. Antonio enfrentado una vez más a las injusticias y sinrazones, sigue ahí y así seguirá hasta el final de sus días. En dos momentos diferentes de su vida dos mujeres extraordinarias lo acompañan. Es natural.
En los pueblos del pantano de los Barrios de Luna, del Órbigo, del Páramo, es raro quien no lo conocía y le consideraba una persona entrañable. Él diseñaba sus canales, balsas, puentes, presas y hacía más fácil la vida en el campo.
Años de naturaleza, árboles, huertos, flores, pájaros, reuniones con amigos, música de violín de Urueña, su mejor amigo, entrañable hasta el último momento, largas lecturas; pero siempre en guardia. Es inflexible con las falsas posturas. Siempre saliendo en defensa de las actitudes abiertas, honradas y de avance humano.
Hace pocos años comienza su última lucha. La más importante. La enfermedad es grave. Da igual, él sigue luchando. Nos da ánimos a los que estamos cerca. Quita importancia al dolor. Nos engaña para que no nos preocupemos por su salud. Finalmente pierde la batalla y nos abandona el pasado lunes 18. El vacío que nos deja es demasiado profundo, difícil de comprender y soportar.
Quisiera escribir más, pero las lágrimas me arrasan. Ya no veo las cuartillas. Confundo las letras. La verdad es que estoy triste, muy triste.
La mineria, un
‘nido’ de ignorancia
T odos sabemos que la minería no está en un buen momento y que muchos puestos de trabajo se han perdido. Lo que me preocupa es lo que tenemos en la actualidad en nuestra provincia. ¿Saben algunos la situación actual? Es sorprendente ver como algunos políticos nos dicen que hay que mantener los puestos que hay y que la plantilla minera sólo se ha reducido un 20% ¿Saben ellos cuántos mineros están activos, sacando producción? Yo creo que no.
En la actualidad en la provincia hay unos 60 mineros, 20 en Antracitas de Arlanza y 40 en La Escondida, hijos de Baldomero García. Algunos, no todos, cuando quieren saber los mineros en activo se van a la Seguridad Social y extraen los datos de los que están afiliados al régimen del carbón y de ahí deducen los mineros que hay, eso es un error. Tenemos mas de 1.000 trabajadores en ERE, muchos despedidos, un real decreto que no existe, mientras las eléctricas se niegan a comprar nuestro carbón, ya que nadie les obliga.
En León se han cerrado muchas minas y hay políticos, y los que no son políticos, que se creen que las minas son tiendas de ultramarinos, que abres hoy y cierras mañana y viceversa. Una mina no es un negocio cualquiera. Cuesta dinero abrirla, cuesta dinero mantenerla pero más cuesta cerrarla, por dos razones, una por el económico, ya que necesita un plan de cierre y otro el coste social, ya que debilita la economía del entorno.
Estamos tocando fondo. Que nadie nos diga que vamos a vivir de alternativas, porque la minería, pese a quien pese, no es una opción es nuestro medio de vida a través de la historia, y su desaparición significa la muerte de las comarcas.