Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA

El mal de moda

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H istórica y cíclicamente la humanidad ha sufrido muchos males cuando no catástrofes. Alguna vez oí a mi querida abuela hablar del «Mal de moda» para referirse a la gripe conocida como gripe española que causó estragos en toda Europa a comienzos del siglo XIX.

Cada generación tiene asignado su «Mal de moda». El que nos ha tocado en suerte en estos momentos es un mal tan negro como el de la película El quinto elemento. Mal que se retroalimentaba con el propio mal, y sólo El quinto elemento, es decir, el amor podía vencer.

Escuchaba, hace días, a Javier Hurra, un sabio en lo referente a menores y adolescentes, quien ha dedicado su vida a analizar el comportamiento de estos. Digo que escuchaba como afirmaba que los padres de hoy se ven sometidos a la tiranía de los hijos, en muchos casos de pocos años. Se preguntaba cómo era posible que algunos padres les llevaran a su consulta niños de siete años diciéndole que no podían con ellos. La cosa se ponía peor cuando abordaba la problemática de los adolescentes.

La falta de autodisciplina, la pretensión de colegueo de los padres con los hijos y la falta de firmeza en las decisiones tomadas por parte de los padres, eran considerados por él como factores determinantes en el origen del conflicto entre padres e hijos. A estos, le añadía el ánimo de los padres de dar todo a sus hijos convirtiéndolos en unos perversos hedonistas.

Las generaciones de nuestros abuelos y padres tuvieron que luchar con uñas y dientes por su futuro. Tras sufrir una guerra, hambre y apenas sin formación, supieron sacrificarse y construir un futuro para nosotros y los «flojos» de nuestros hijos. Algunos dicen que con la generación de nuestros padres se acabaron las personas realmente trabajadoras y sacrificadas.

Hemos pasado de una rectitud en los comportamientos a una relajación total de los mismos. Un diálogo indefinido basado en una repetición de obviedades se ha instalado en las conversaciones entre padres e hijos que no conducen a nada. Estas obviedades a las que nuestros descendientes son refractarios, son por ejemplo la necesidad de sacrificio para conseguir algo, la cultura del esfuerzo y que la vida te coloca en tu sitio en cualquier momento… No le entran en sus cabezas. Es como si llevasen un casco que les hiciera inmunes a la sensatez.

Alguna bióloga social ha afirmado que el ser humano lleva en sus genes el germen de su extinción. A veces me pregunto si nuestros hijos con su nivel de tontería corroborarán tal teoría. En todo caso, lo padecerán ellos más que nadie aunque no sean capaces de entender la relación causa efecto.

La educación es vital para la regeneración social. Konrad Adenauer afirmó: «Los principales responsables de la educación de los niños son los padres, no el Estado». Lo debemos estar haciendo bastante mal. La situación de los profesores no sé si da pena o risa. Desprovistos de toda autoridad en el sentido de «auctoritas» y «potestas», han perdido el papel vertebrador y creador de una sociedad en progreso.

Sólo la generosidad de algún alumno «despistado» que manifiesta interés por aprender y la vocación de los maestros, mantiene viva la llama de la transmisión de conocimientos.

Al menos una vez al año el país entero se rasga las vestiduras como consecuencia de la publicación del mal nivel de nuestros estudiantes. Críticas, informes de especialistas y proyectos de reforma educativa intentan guillotinar el sistema educativo de turno. Cierto que este puede no ser muy bueno, pero la causa del fracaso escolar se debe fundamentalmente a que en este país no se estudia, apenas se lee y no se investiga. En resumen, nos importa muy poco el progreso intelectual.

Como en El quinto elemento lo único que impide ceder al mal y retorcer el cuello del adolescente indolente como si de un pollo se tratase, es, precisamente, el amor paterno. Amor que hace perdonar todo una y otra vez, además de iniciar procesos afectivos llenos de ternura. Pero, la preocupación por el futuro de nuestros adolescentes está ahí. Yo les sugeriría a estos individuos tendentes al parasitismo social, que recapacitasen y tuvieran en cuenta que junto al amor de un padre y una madre, a veces aparece la imagen virtual en sus mentes de verlos convertidos en un pollo y debo decir que con no muy buenas intenciones.

A pesar de todo se les quiere.

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