FRANCAMENTE
Y botan a Carletto
Ya es un clásico que tras un proceso electoral no haya perdedores: los que ganan, porque son los más votados, los que no lo hacen porque han sacado billete para estar en las instituciones durante cuatro años y no es cuestión de irse ahora, los que vuelven porque es un hito ver la luz del sol tras años en las catacumbas, y los que nunca habían estado, porque logran hacerse un hueco, aunque éste no sea tan grande como todos apuntaban. Así las cosas, todos encantados con haberse conocido y la autocrítica brilla por su ausencia. No se les va a pedir que lo hagan, cuando están enzarzados por repartirse su cuota de poder para tirar hasta 2019, y luego ya se verá.
Pero más allá de nuestra clase política, lo cierto es que no todos están tan satisfechos. De hecho, los hay, como los que acudieron a las urnas el pasado domingo, cada vez más cabreados, pues, una vez más, verán como nadie escucha su clamor. Y luego se preguntarán por qué los ciudadanos están hastiados de esto de la política y de la forma en que la entienden sus vapuleados representantes.
No es cuestión de comparar, pero las diferencias con otros puntos del planeta nos vuelven a dejar en evidencia. Sólo con extrapolar a nuestro terruño la escabechina que provocaron los resultados de las recientes elecciones british en las filas perdedoras, estarían más que justificadas las obras de construcción del dique del Sil, el encauzamiento de los Barredos o la protección de márgenes del Cúa. Todas iban a ser pocas para contener las riadas de cadáveres políticos flotando aguas abajo hasta su desembocadura en el Atlántico.
Pero pasan las horas y nada. Aquí, salvo el amago de dimisión de un candidato en Folgoso (que se lo sigue pensando), nadie se da por aludido por el mensaje que les mandaron sus electores el pasado domingo. Así irán tirando hasta llegar al 13 de junio y todos los electos, aunque estén más solos que la una en la nueva corporación a constituirse, se presentarán con la cabeza bien alta para coger su acta de concejal. Renovación automática para cuatro años, tiempo en el que volverán a tirar de su repertorio habitual —ese que les ha llevado a sus penurias actuales— para no caer en el olvido y así seguir en la pomada dentro de cuatro años.
¡Y pensar que por los ‘malos resultados’ al único que han botado es al Carletto! Florentino, piénsate lo de volver a la política.