Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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L as urnas han dejado al ayuntamiento de Ponferrada como uno de los más ingobernables de España, que ya es decir. Y si a ello añadimos la muy penosa historia de la anterior legislatura, en cuyas postrimerías aún estamos, la situación todavía empeora. Tanto que semeja un asunto sin salida, arduo, resentido y pesado, donde ninguna sorpresa puede estar excluida. Incluso la aparición de un desdichado tamayazo .

Si los políticos municipales ponferradinos pensaran más en la ciudad que en sí mismos, más en los vecinos que en sí mismos, más en la cordura y gobernabilidad que en sí mismos, articularían algo tan novedoso como razonable: un gobierno de coalición formado por las dos listas más votadas que, además, justamente tienen la mayoría, los trece concejales. Y si no hay acuerdo para la alcaldía, pues que se turnen ambas lideresas: la popular en el primer bienio y la socialista en el segundo, pongamos.

Para muchos, para casi todos, esta solución es impensable. Bien, pues las demás serán pensables, pero probablemente van a ser peores. No solo porque serán más inestables al necesitar de la concurrencia de tres partidos (o más) sino también porque se edificarían sobre una memoria histórica muy reciente. Y bastante traumática. Una herida cívica que proviene sobre todo de USE y no tanto de PP y PSOE, víctimas ambos de la moción de censura de 2013.

Si no hay ese acuerdo a la alemana , solo cabe una opción, que es la del gobierno de los socialistas con USE y Coalición por el Bierzo, lo que no dejaría de ser chocante tras la solemne negativa que el PSOE hizo de no pactar con USE. Pero no hay que olvidar que la ciudad está muy acostumbrada últimamente a que los diegos sustituyan a los digos. Baste recordar la ceremoniosa retirada definitiva de Folgueral de la carrera política ponferradina, y que solo duraría un par de meses.

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¿Qué sucederá? Uno intuye que lo más probable es el gobierno PSOE+USE+CdeB. Con lo que la ciudad tiene garantizados cuatro años de zozobras y escaramuzas, de rencores soterrados y de desgaste psicológico. ¿Y quién sería el alcalde? Solo podría serlo Ángela Marqués, con el hasta ahora repudiado por ella Samuel Folgueral de primer teniente de alcalde. Y es entonces cuando uno piensa y dice: imposible. O muy difícil. O disparatado. Pero no habrá, seguramente, otra opción. De este modo tendremos un comienzo de legislatura más triste que alegre, más oscuro que claro, más confuso que ilusionante. Eso sí, al menos no habrá manteo. Esta vez no. Y, en todo caso, no hay que perder la esperanza. Es un lujo que la ciudad no puede permitirse. Necesitamos el optimismo. Y en materia de cultura, verdadero corazón del quehacer público de toda ciudad moderna, ojalá haya un concejal o concejala eficaz e imaginativo que actúe con ecuanimidad, discreción, sencillez y talento.