TRIBUNA
La voz leonesista y el escaño

L a fiesta de la democracia!, no pasa de ser un eslogan pretencioso para un acto tan fácil, mecánicamente hablando, como es introducir el ciudadano la papeleta en la urna electoral, en tiempo y forma. Otra cuestión es la intencionalidad que porta el voto.
Terminada la última fiesta, ya tenemos un procurador (leonesista) por León en las Cortes autonómicas situadas en Valladolid. El candidato primero de la lista por UPL, Luis Mariano Santos, colocado ahí por la cúpula, obtuvo el número suficiente de votos para alcanzar un escaño. Consiguiendo ser el último de la lista de los elegidos, con 1,3% de los votos emitidos, marca un pobre resultado. Lo pillado es un escaño como en 2011, pero bajando el porcentaje de votos conseguidos, 0,5 puntos porcentuales menos, continuando así el claro declive de la formación.
Algunos leonesistas votantes, quisimos agarrarnos al clavo ardiendo que suponía el candidato de UPL, intentando mantener una voz leonesista en el ente autonómico; pero que no lo malentiendan, más que un voto de confianza, es de, o conlleva desconfianza, si bien no deja de soportar un hálito de esperanza, en que, Luis Mariano, haga un buen uso en tanto se intenta la regeneración, ¡no la acomodación!
Si el descenso, por demérito, en cuanto a aceptación popular no se corrige, y nada apunta hacia una mejor trayectoria, el cero escaños en la capital provincial, y en el parlamento autonómico, es cuestión de cuatro años más. No es momento de poner paños calientes a la enferma formación política leonesista, dicho así para no ofender a quienes la dirigen en estos momentos, también válido para los anteriores que dejaron sus secuelas, y en sucesivos «quítate tú que me pongo yo» llegamos al actual estatus: hay crisis de supervivencia. Y no sólo en cuanto a rumbo político, sino al del sentimiento leonesista primordial para enlazar con la ciudadanía. Informar y compartir, buscar su complicidad y apoyo puede ser una buena senda.
Pasados los inicios románticos, cuando se compartía sentimiento, y no sólo con el militante sino con gran parte de la ciudadanía leonesa, y se iba con fidelidad en busca de mantener vivo el propio «ser leonés»; poco a poco se fue dejado desatendida la labor pedagógica, o porque no se tenía voluntad y plantel para desarrollar tal labor, o, transformados los dirigentes en «animales» políticos, se empezaba a confundir el sentimiento leonesista con una ideología.
La formación, nacida estatutariamente dentro de los valores culturales e históricos leoneses, debería haberse manejado en este campo, con atención expresa a la región leonesa, y dispuestos a defender lo leonés sin concesiones en el terreno autonómico.
Centrarse en demasía en el consistorio capitalino, con una mal entendida vocación municipalista, donde la gestión manda y el sentimiento leonesista se ve desbordado por la inmediatez de obras y equipamientos de índole material, tan sólo absorbe y confunde.
En tal menester aprendieron a pactar, a ambas manos, según conviniera a la dirección, aunque dijeran apoyarse en la militancia mediante consultas más que dudosas. Actitud merecedora, en adelante, del castigo en votos de los ciudadanos.
No hay en el ente autonómico ninguna fuerza ya afincada, o las emergentes de moderna concepción, que contemplen no ya la desmembración de la región leonesa del ente que la aferra, verdadera meta leonesista, sino simplemente comprometerse a estudiar la cuestión leonesa. Ser llave, algo que en UPL creen ha venido a «salvarles los muebles», enmascara un mal resultado electoral, y lo de las contrapartidas no puede tomar valor sino se contempla por escrito en el parlamento autonómico un principio de revisión del estatus de la región leonesa.
Reivindicar infraestructuras, viales, o ayudas, por ejemplo al tema del carbón, o Torneros, es su cometido, y de justicia distributiva comunitaria; pero, por aquello de ser llave, se puede y se deben colocar ineludiblemente en el platillo de la balanza, al lado de la «cuestión leonesa».