FRANCAMENTE
Los coloraos
La política de pactos está poniendo en evidencia a más de uno. Sus debilidades, sus miserias, su lealtades a sí mismo y a un círculo de poder cada vez más reducido que es el responsable de la encrucijada hacia ninguna parte en la que se sitúa su partido. Es en estos momentos cuando me viene a la memoria la imagen de Bilardo desgallitándose desde el banquillo del Sevilla para indicarle al fisio «los nuestros son los coloraos, los coloraos», pues éste, en un ejercicio de fair play, había decidido atender al rival lesionado en vez de a un jugador del equipo del Nervión.
Alguien ya está tardando, desde el otro lado del Manzanal o simplemente desde este lado del Montearenas, en alzar la voz para gritarle a la comandita socialista que los suyos son los coloraos. Que no es de recibo que los dirigentes de un partido echen números en público para pasarle por el morro los malos resultados a su candidata —esa a la que colocaron al frente de la tropa porque su política endogámica de años ha dejado al partido sin nadie con solvencia para presentar a unas elecciones o esa a la que le impusieron a quién debería llevar en la lista por si sonaba la flauta— . Y no es de recibo porque se les ha olvidado cerrar su comparecencia asumiendo en primera persona esos malos resultados y anunciando su abandono del barco y desterrando las prácticas que les han llevado a donde les han llevado.
Por eso la lectura pública de la condena a la oposición suena a política de tierra quemada. De vacunarse, en tiempos en lo que esto parece que no se estila, y marcar distancias ante lo que se apunta que será rectificado por la asamblea de militantes.
A esos que ahora se apuntan como puros, habría que pedirles que explicarán, más allá de los números, si su obstinamiento por marcar distancias como el diablo se queda sólo ahí, o, también se incluye en el mismo paquete al resto de concejales de esa lista. Pues si fuera así, deberían contar a todos el por qué han permitido durante mucho tiempo que alguno de esos que ahora son denostados y repudiados por las fuerzas de progreso sí han permitido que hayan pagado sus cuotas de militante tras haber pasado al grupo de no adscritos en el ayuntamiento de la capital berciana, en lo que, cualquier ciudadano de a pie podría interpretar como un intento de no romper, en su momento, puentes con los fugados.