La opinión del lector
Elecciones,
el día después
D espués de que se celebraran unas elecciones tan esperadas y con tantas expectativas, y a pesar del alto índice de abstención, uno llega a la conclusión de que el voto es el único medio de conseguir cambiar el rumbo de un país, sea para bien o para mal.
Los mítines y discursos no fueron los que marcaron el resultado de las urnas sino las consecuencias de la propia política que afectó a los ciudadanos.
El Gobierno mantuvo un discurso basado en el crecimiento y lo bien que nos mira Europa, mientras que los demás mantenían ese discurso en la calle, donde realmente están los problemas. Promesas incumplidas volvían a ser promesas. Subastas de paro, es decir, unos prometían miles, otro, en el mismo partido, cien miles, otros millones, hasta el señor Pons — miembro de la Ejecutiva del PP— decía que tendríamos superávit de trabajo.
La corrupción entró en juego durante estas elecciones y acabó con la hegemonía en la Comunidad Valenciana gobernada por el PP. Una comunidad con tanta corrupción y con tantas deficiencias en todos los sentidos, que incluso iban a sancionar a España por culpa de ella.
Esta comunidad es el ejemplo de cómo un pueblo castiga a quien la arruinó y ahora sus habitantes pagan el pato. Muchas comunidades y ayuntamientos que se gobernaban con mayorías absolutas ahora dependen de varias formaciones políticas; un ejemplo lo tenemos en el Partido Popular, hoy en el Gobierno.
De nada ha servido que los varones del PP como Pons, Floriano, Aguirre, Cospedal y Hernando metieran miedo, ni siquiera sirvieron las apariciones del señor De Guindos con las lecciones de economía y su crecimiento virtual, ni metiendo a España en «el saco» de Grecia para asustarnos. La gente lo veía de otra manera, miles de manifestaciones, trabajos precarios, pobreza en aumento mientras los pocos ricos aumentaban su fortuna, colas de paro, desahucios, bancos de alimentos y comedores sociales llenos……¡Esa fue la propaganda electoral!
Ahora es posible que en la mayoría de ayuntamientos y comunidades gobiernen coaliciones para un cambio de rumbo a las políticas de este Gobierno.
Hay una cosa que está clara, los electores, muchos de ellos, no podían meterles miedo porque no tenían nada que perder, y son muchos, y de esa forma castigaron las actitudes de muchos políticos que hoy hablan con resignación y se echan la culpa unos a otros dentro del mismo partido.
Pienso que noviembre cada vez se acerca más y es hora de actuar y cambiar el discurso y los españoles de espabilar, porque hasta hora funcionábamos «a modo rebaño».