TRIBUNA
¡Ay, señor Tudanca!
L a mala costumbre de los políticos, también de muchos tertulianos y periodistas, costumbre de hablar de todo, incluso de lo que no entienden o no saben, les juega malas pasadas aunque les hayan redactado la perorata.
Parece que en campaña hay que decir cosas solemnes, aunque sean lugares comunes y el hablante ni las siente ni las entiende.
Lugares comunes que hemos oído cientos de veces y siempre mintiendo: «La educación será uno de los ejes fundamentales de mi gobierno» (Si te vi o te dije, no me acuerdo). Otro: «Ofreceré un gran pacto educativo». Que será, como hasta ahora, mantener la Logse (ya multi-disfrazada), ley que tan lamentables resultados viene produciendo desde hace 30 años.
Otra simpleza: En las elecciones «se decide entre dos modelos educativos», que son la Logse socialista o la Logse del PP. Diferencia, que una lleva disfraces haloween y, la otra disfraces carnavalescos. Ambas son caricaturas de educación, en absoluto modelos, ni siquiera simulacros.
Yo invito, incluso reto a todos los políticos socialistas a que nos convenzan de las muchas cosas que hacen a base de deudas (deudas que luego pagamos los ciudadanos mientras ellos se esconden); es su demostrado estilo y me encantaría que me convenciesen.
El único pacto necesario por la educación es un cambio de paradigma para crear un nuevo modelo educativo (nada tiene que ver con otra nueva ley). Un paradigma empieza por establecer unas bases claras, bien definidas y sin mezclar churras con merinas; por ejemplo:
Que la educación escolar comienza en la escuela. No es una simpleza, es algo que hoy no se hace.
Que lo que está antes de la escuela no es escuela, pero sí es educación: la familia y el desarrollo infantil. Allí se realiza la educación importante y no se debe perder ese precioso tiempo en embutir lo que tiene que hacer después la escuela. Vivir la infancia es mucho más importante y educativo que aprender a leer y escribir antes de tiempo.
Que los niños cuanto más pequeños más aprenden, y para ello no necesitan leer antes de tiempo, ni ser expoliados de sus potencialidades.
Que la persona es quien aprende y la persona es mucho más que su cerebro. El cuerpo entero aprende y el centro vital de ese cuerpo es el corazón, y el centro del cerebro es el sistema emocional. Llenar cabezas no es educar, eso es enseñar.
Que la vida y las experiencias vividas enseñan mucho más que los libros y que internet, y los niños aprenden con sus sentidos y con sus músculos antes que con su cerebro.
Que la escuela primaria es la escuela básica; es decir, donde se ponen las bases del aprendizaje escolar. Las bases son pocas pero deben ser sólidas y en las bases no se ponen adornos, filigranas ni decoraciones; se ponen piedras sillares y sólido hormigón para después poder edificar alto y seguro. La escuela primaria necesita poco tiempo diario pero mucha ejercitación y mucha práctica. El niño necesita mucho tiempo para su cultivo dinámico, artístico, musical, sensorial y social; todo eso es tiempo de ocio, pero que no cabe en evaluación; tampoco es tiempo académico, es mucho más importante que eso, es tiempo de formación física, mental y espiritual.
Que todo lo anterior es la educación y tiene lugar antes de los «sublimes» estudios, grandes libros e importantes Centros medios y superiores, porque éstos necesitan de buenas bases, algo hoy inexistente.
Con lo dicho hay suficiente «nuevo paradigma» para quien entiende. ¡Pobres políticos que hablan de educación sin saber lo que dicen! Lo mejor que pueden hacer es no hablar, están confundiendo a la gente, ¡un respeto, por favor! Que se limiten al programa de su partido que todos conocemos, los que queremos; y para quien no quiere, sobran las palabras, sobre todo cuando son tan vanas.
De educación, como de física cuántica, sabe quien sabe, y quien no, que se calle; pero, por favor, que no engañen a la gente. ¿Por qué los políticos se empeñan en ser tan ridículos?