Diario de León
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ernesto escapa
León

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Las dificultades y vericuetos del Valle de la Cárcel, que despide el León jacobeo por el Cebreiro, despistaron esta semana a un peregrino holandés, que en Dragonte tomó una deriva para explorar la Ruta del Wolfram y acabó extraviado entre Barjas y Oencia, bordeando el teso da Forca, donde los vecinos de este abrupto poniente ahorcaban a los bandidos. Las guías históricas del Camino extreman las dificultades de un tramo que alerta por el nombre. Su trazado sinuoso, a menudo dificultado por la niebla, suponía la última prueba antes de llegar al Cebreiro, puerta de Galicia donde se celebra el milagro eucarístico.

En realidad, una adaptación de la leyenda bretona del Santo Grial, que Wagner popularizó en su Parsifal. “Tierra frondosa, con ríos, prados, de extraordinarios vergeles, buenos frutos y clarísimas fuentes”. En todo el valle abundaron las herrerías, que aprovechaban el tiro de las pendientes. Todavía hoy su recorrido aparece salpicado de avisos y sembrado de contraseñas. Pereje tuvo una forja que a mediados del diecinueve surtía de clavos y herraduras al contorno. Apenas disimula el eco de Perixe, que es como llamaban por aquí a los peregrinos. La reina Urraca, muy vinculada en su leyenda a la zona, donó el pueblo al hospital del Cebreiro, que desplazó a un monje hasta aquí, para encaminar a los intrépidos.

La encrucijada fluvial de Ambasmestas abre paso a Balboa, cuyo valle muestra el esplendor de los paisajes ancareses, con su espectacular Casa de las Gentes, las pallozas acogedoras y el castillo aupado sobre un bosque de castaños. La ermita del Santo Ángel, en Parajís, esconde un pequeño demonio pintado de negro y de cabeza bien tallada, que comparte hornacina con el querubín. Vega de Valcarce es la capital de esta periferia montañosa.

Sobre un risco se alza el castillo de Sarracín. Se llega hasta él por un buen camino, aunque muy empinado, en algo más de un cuarto de hora. En Ruitelán (traducción del Route Land inglés: País del Camino), vivió San Froilán, que un día se hartó de que los conejos le royeran sus códices y les lanzó una maldición que sigue resultando eficaz en su destierro del pueblo. Antes o después, el resuelto Froilán había obligado al lobo que mató a su pollino a seguir cumpliendo su función porteadora, cargando con las alforjas del jumento.

Desde Las Herrerías al Cebreiro, el desnivel de seiscientos metros lo salva una pendiente de susto. Lo más duro es la subida a La Faba, que sigue en un tramo escalonado la primitiva calzada romana. Un peregrino bautizó el repecho en 1472 como Alpes de la Malafaba. En la antesala del Cebreiro, solar de misterios, la sorpresa de La Laguna de Castilla, último pueblo de León, que adorna su quietud con hórreos tradicionales.

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