Diario de León

HOJAS DE CHOPO

Artesanías y globalización

Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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Que vivimos en un mundo globalizado es una obviedad, con todas las variantes, excepciones y matices que cada cual pueda o quiera aportar al hecho. Que la globalización tiene muchas ventajas es una consecuencia que seguramente pocos pongan hoy en duda, aunque sean necesarias no pocas precisiones, especialmente para aquellos que la identifican con la uniformidad o la linealidad que borra prácticamente todos los contornos. Un mundo globalizado no es, no debe ser un mundo cortado con el mismo patrón y cosido con las mismas puntadas. Posiblemente el concepto ha quedado diluido en manos de ese capitalismo atroz que aprovecha el más mínimo resquicio para poner las garras sobre cualquier escenario, incluso el más delicado, sin pudor por las posibles rasgaduras o resquebrajos.

En esas andamos cuando el mundo empieza a darse cuenta del riesgo de las pérdidas de identidad, aunque los interesados recurran al peligro de los nacionalismos. Nada de eso, siempre hay un equilibrio, no necesariamente pendular, que puede y debe conjugar, a mi juicio, el concepto de supranacionalidad con las fórmulas identitarias. Lo que ocurre es que los poderes económicos, siempre insaciables, advierten, alertando como amenazas conceptuales todo aquello que dificulte mínimamente la marcha triunfal y arrolladora de sus intereses. La identidad está amenazada y no son pocas las voces que se levantan en su defensa, esgrimiendo todas las señales posibles para su defensa y definición.

Entre las muchas señas que preconizan y defienden la pluralidad de las identidades están las artesanías. Especialmente en América Latina hay múltiples movimientos e inquietudes que trabajan en esta línea, no pocos de origen universitario. Defienden y promueven materiales, motivos y colores originarios, enraizados en la tradición, la historia y el significado que una y otra han ido asignando a los objetos creados a lo largo del tiempo, sin renunciar, claro está, a la inevitable evolución que los ha ido moldeando, adecuando.

Como en todos los ámbitos de la actividad humana, los intermediarios entre el artesano y el consumidor han dificultado y deteriorado mucho las cosas. Compran artesanías en todo el mundo y las venden como originarias del país simplemente grabando, generalmente con mal gusto, su nombre. No es de extrañar, por ejemplo, que una máscara tailandesa de serie, industrial, se venda como costarricense, cubana, maltesa o española, pongamos por caso. Más grave aún, si los responsables de la búsqueda de esa identidad caen en la tentación, que también, de vender los «productos» a una marca que domina los mercados. Y ahí, inevitablemente, está la presencia de los chinos, que convierten en resinas, generalmente de gusto dudoso o llanamente de mal gusto, buena parte de las artesanías. Cosas de la globalización que amenaza también la identidad de buena parte del sentir popular. Poco serio.

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