CORNADA DE LOBO
Era su calle
Treinta y nueve años atrás pusieron su nombre a una calle del extrarradio porque ganó un renombrado premio internacional literario. Su calle cruza perpendicularmente la de un atleta local que una vez hizo media hazaña... un poco más allá, la de un misionero de Valderas que murió entre los indios motilones venezolanos... y al fondo, la de otro nombre que no recuerdo, aunque podrías apostar algo a que era el de algún preboste de caja de ahorros.
El rótulo de su calle pone Escritor Juan Fernando Arias Villayandre, pero lo cierto es que desde aquel premio dejó de escribir (sólo firmó el guión de un cortometraje que nunca quiso estrenar), siguió alternando su vida entre Madrid y París (y más, el dinero le sobraba de familia), por aquí se le vio muy raramente, languideció su estrella literaria y, aunque alguna vez se cita en suplementos su prometedora carrera inconclusa, ya son pocos los que le identifican; de hecho, la inmensa mayoría de la vecindad de esa calle que le nombra ignora su circunstancia personal o méritos, según un reportaje sobre el callejero local... y sólo dos afirmaron haber leído algo de ese autor (a la gente le gusta darse el pote).
Antes, las noticias volaban; hoy son rayo y no tardó el escritor en conocer la amarga circunstancia de que le ignoraran los vecinos de su calle, ¡y su tierra!, así que comunicó al periódico local que gustosamente visitaría a aquellos que lo desearan... con ello quería también disculparse por lo largo del rótulo de su calle, que ha tenido que serles un enfadoso engorro en tarjetas de visitas, correo, facturas...
De los casi doscientos vecinos de esa calle sólo tres respondieron a la invitación. Fiasco. En un nuevo comunicado prometió obsequiar a los interesados con un ejemplar de su obra. Asombroso, ciento veinte se apuntaron en tres días. Villayandre, entonces, comunicó su repentino ingreso en un hospital de París aplazando sine die las visitas. Constatado el viejo vicio del papo en su tierra papona, le aterró imaginar el destino que darían a su libro en muchas de aquellas casas.
En la redacción creen que no volveremos a saber de él.