Diario de León

MARINERO DE RÍO

Villafranca, como Santillana

Publicado por
EMILIO GANCEDO
León

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Una cierta sensación de extranjería, por limpieza, pulcritud y respeto exquisito a la arquitectura autóctona, le invade a uno cuando cruza el puerto de San Glorio y entra en un Gales ibérico de sobaos y de casonas, de explosión de geranios en los corredores y de abundante y precisa señalética en cuanto a bienes naturales, etnográficos y culturales. Jamás podrá hablarse de igualdad y de madurez en el sistema autonómico si antes no acabamos con el típico traquetreo experimentado al volante cuando, nada más salir de otra comunidad, nos dan la bienvenida los baches de León —o al revés, eso de pasar la raya y sentir bajo el neumático un perfecto alquitranado como de pista de aeropuerto—. La impresión de pobreza material y estética nos es tan familiar como el cartel verde, casi siempre tachado —¿o corregido?— de nuestra administración.

Mientras vivamos en el mismo país, las comparaciones no son odiosas sino imprescindibles. Allí, castillos y torreones perfectamente consolidados; aquí, piedras en caída libre; allí, hermosos núcleos rurales que mantienen volúmenes y materiales, aquí, la anarquía hecha de uralitas, bloques y yo la tengo más grande. Allí, centros de interpretación integrados en una red racional, incluso con horarios y guías, aquí, plante de chabolo, apertura a manos de político, foto para la prensa y si te he visto no me acuerdo. Como me respondieron cuando pregunté en el ayuntamiento de turno qué días abría uno de esos museínes: «Qué sé yo... ¡vaya usted al bar y a ver qué le dicen!».

No conviene resignarse porque no es de justicia que Villafranca del Bierzo, con todo su alarde de conventos, colegiatas, iglesias y palacios, no esté tan inmaculada como Santillana del Mar. No conviene resignarse porque la sensación de lentitud e indolencia —sean cuales fueren las causas— que transmite nuestro gobierno autonómico es ya insoportable. Se dice incluso de la Dirección de Patrimonio que no está dispuesta a aceptar la declaración de más Bienes de Interés Cultural... por lo visto, dan demasiado trabajo. «Es que luego la gente pide que los mantengamos».

Claro, la gente. La maldita gente.

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